A un año del gran terremoto duele la desesperanza

Dra. Milagros S.Rivera Watterson 

Trabajadora Social 

Para Prensa sin censura

El 7 de enero de 2021 se cumplió un año del gran terremoto acontecido el 7 de enero de 2020 que se sintió en todo el país, pero que afectó grandemente la zona sur dejando a cientos de personas sin casa y a miles con estructuras damnificadas cuyos residentes no se atrevían ocuparlas porque temían regresar y ser atrapados en estas de ocurrir otro temblor de la misma intensidad.

Así, los habitantes de Guánica, Guayanilla, Peñuelas,Yauco y Ponce sintieron que su mundo se les destruía ya que no solo se afectaron sus hogares, sino también se perdieron escuelas, edificios públicos, iglesias y hasta lugares como el bosque seco de Guánica.

Ese día no fue el único terremoto que sacudió la isla, el día 6 había acontecido otro de gran magnitud. Desde fines de diciembre del 2019 ya se habían dado otros sismos de menor magnitud por lo que el del día 7 fue aterrorizador. No hay palabras para describirlo.

Las pérdidas económicas sufridas en el área sur son incalculables, los niños que se quedaron sin escuelas y que la subsecuente pandemia ha recrudecido su rezago educativo han sido miles, las personas de todas las edades que todavía sufren de estrés post traumático causados por la experiencia vivida también son miles. Muchos esperaban que luego de un año de esta situación las personas hubiesen recibido las ayudas prometidas, pero todavía hay gente viviendo en carpas.

Cuando los medios noticiosos los entrevistan muchos muestran en sus rostros la angustia, la desesperanza de no haber podido regresar a sus casas y  cómo estás han sido identificadas como no habitables. Todavía viven en toldos ubicados en sus patios. Muchos de ellos son adultos mayores sin otros recursos, pero que a su vez son responsables de sus nietos.

Todos recordamos como luego de acontecidos los primeros sismos se dirigían caravanas de carros hacia el sur para llevar provisiones con esa tendencia del puertorriqueño a ser solidario y prestar ayuda, pero el tiempo pasa y todo se olvida. Ahora están solos y las agencias federales y estatales que tenían que prestar la ayuda no han sido diligentes.

La realidad es que la mayoría de las casas marcadas con las fatídicas X Rojas siguen en el mismo lugar y no se ha procedido a derrumbarlas. Tanto es así qué hay personas que poco a poco intentan arreglarlas y se arriesgan a habitarlas.

Esta es la realidad a un año, muchas promesas y poco hecho. La situación sigue sin resolverse, la tierra sigue temblando, pero tal parece que las conciencias de aquellos que pueden hacer algo no se inmuta. Hacemos un llamado para que las autoridades se muevan nuevamente a esos lugares y que ejecuten las acciones necesarias para atender las necesidades de los habitantes del área sur. Ellos también son parte significativa de este país y nos duele su desesperanza.

Foto/JaimeTorresTorres

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