Esperanza a pesar de que tras la pandemia no será igual

Dra. Milagros S. Rivera Watterson 

Prensa sin censura

Lo que ha acontecido este año en nuestro País con la pandemia del COVID-19 para muchos les ha parecido una pesadilla de esas que nunca vamos a despertar.

En poco más de siete meses lo vivido ha sido tan impactante, nos ha dado tan duro que nos parece que han pasado años. No cabe duda que nuestras vidas en términos individuales y familiares se han trastornado. Lo mismo ha pasado con nuestra sociedad, ya que nuestra  economía está sufriendo un duro golpe. Así, hemos visto como miles de personas han perdido sus empleos mientras otras se han tenido que quedar a trabajar en remoto desde sus hogares con el efecto que esto ha tenido en la vida familiar, como se han tenido que convertir nuestros hogares en salones de clases para nuestros menores, entre algunos de los cambios acontecidos.

Hemos visto también como miles de personas, vecinos, amigos y familiares se han contagiado y cientos han fallecido sin que pudiésemos despedirlos. Ante esta situación observamos como las medidas de la extendida cuarentena y el distanciamiento social siguen afectándonos emocionalmente, ya que aumentan nuestros niveles de estrés y ponen cortapisas muy dolorosas a nuestras relaciones familiares.

Todos los días se nos anuncian en las mañanas, por todos los medios de comunicación, el número de personas fallecidas y los nuevos contagios, los cuales nos ponen los pelos de punta y aumentan nuestro temor ante la enfermedad.

Muchas personas, especialmente los políticos, incluyen en sus mensajes frases que indican que esto pasará, que la normalidad volverá. Esto crea falsas expectativas y puede hasta causar que muchas personas bajen la guardia, lo cual no es recomendable, ya que mundialmente se están dando repuntes de la enfermedad y la pandemia no ha finalizado.

En muchos países ya los sicólogos que han estado estudiando los efectos y reacciones de los seres humanos ante esta pandemia han declarado que fomentar esta falsa expectativa de que regresaremos a la normalidad no es lo adecuado, ya que en realidad nada será como antes.

Cabe aclarar que esta creencia de que regresaremos a la normalidad es una expectativa generalizada y que no estriba en cuanto tiempo lo lograremos, si es a fines de este año o en el 2021, sino en creer que recuperaremos el tiempo perdido y en que, cuando esto termine, volveremos a ser iguales. Ese ser iguales es a los que muchos le llaman regreso a la normalidad.

Repetimos que esa creencia es una falacia, ya que lo que nos espera es otra realidad.

Los sicólogos que han estudiado este fenómeno han indicado que no es saludable que las personas esperen que van a regresar a la normalidad, ya que aun cuando podamos vencer a la pandemia, tenemos que aceptar que nuestro ambiente ha cambiado para siempre y que no hay vuelta atrás. Esto no quiere decir que seamos pesimistas, sino realistas, y que aceptemos que esta pandemia no ha finalizado y tenemos que seguir fortaleciéndonos para enfrentar el futuro.

El ser humano por naturaleza es reacio a aceptar los cambios, por lo que la reacción a lo que estamos viviendo es visualizar que los cambios que hemos hecho son temporales y en cuanto pase la pandemia volveremos a hacer lo que acostumbrábamos. La persona que piensa así le va a ser difícil hacer cambios que modifiquen su forma de vida. Mientras antes aceptemos esta realidad de que no hay vuelta atrás, más fácil será nuestra adaptación. Esa adaptación conlleva sobre todo cambios en nuestros hábitos diarios, como por ejemplo el lavarnos las manos correctamente y más a menudo, y continuará siendo parte de nuestra vida.

Mientras antes aceptemos que el mundo ha cambiado y nosotros también, más fácil será enfrentarnos al futuro, por eso seguimos recomendando:

-Continuar las rutinas que hemos aprendido y que constituyen medidas preventivas como el distanciamiento físico, el lavado de manos, el desinfectar manos y superficies, y el uso correcto de las mascarillas.

-Aceptar que la vida continúa, que dentro de esta estamos cambiando como personas y sociedad y eso no es negativo.

-Entender que las vicisitudes, los contratiempos de la vida diaria nos pueden dar oportunidades para crecer, todo depende de la actitud con la que los afrontemos.

-Aprender que hay otras formas de demostrar el amor, que no necesariamente tiene que ser mediante el contacto físico y ponerlas en ejecución. Esto nos ayudará a enfrentar la soledad y a fortalecer nuestro vínculos emocionales.

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