La tragedia del cierre de la Escuela de Apicultura del Este en Fajardo

Editorial

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

En su inmueble se establecerá un centro de metadona para adictos. Ya estaba vendida, pero no fue hasta hace unos días que el director se enteró.

El cierre de la Escuela de Apicultura del Este, que durante seis años dirigió el maestro Hermes Conde y donde se certificaron alrededor de 600 técnicos en control, manejo, remoción y reubicación de enjambres de abejas, es una tragedia para la apicultura en Puerto Rico.

Aunque en el camino no le faltaron detractores, su aportación al País fue muy valiosa porque, aparte de adiestrar a preadolescentes, jóvenes y adultos, se caracterizó por su labor a destiempo y sin intereses pecuniarios a las familias que en zonas urbanas y pobladas como urbanizaciones eran sorprendidas por colmenas y enjambres de abejas.

En Alturas de Río Grande, en menos de un año en la misma residencia, hubo que remover dos colonias de abejas. Un miembro de esa familia recibió sobre veinte picadas mientras pasaba una cortadora de grama (habían pasado inadvertidas al establecer un hábitat subterráneo) y su madre no podía salir al patio porque inmediatamente se le acercaban.

Providencialmente eso sucedió meses después de concluir el curso en la Escuela de Apicultura en Fajardo. Y se pudo manejar primero con la ayuda de Hermes Conde (entonces se habían establecido en el interior de una antigua fuente ornamental) y luego con la supervisión de Joseph Torres, apicultor responsable del desarrollo del apiario de la Cueva María de la Cruz en Loíza.

Conocidos en Alturas, Jardines, Villas y otras urbanizaciones de Río Grande han informado de la aparición de enjambres y colonias que en ocasiones estos y otros apicultores han removido a lugares seguros.

Seguirán apareciendo enjambres en zonas urbanas porque, como dijo la semana pasada en Radio Loíza el Abogado de las Abejas, Lcdo Rafael Solá, emigran a la ciudad por la falta de alimentos (néctar y polen) en zonas rurales a consecuencia de la deforestación.

El anuncio del cierre de la Escuela de Apicultura del Este trascendió después de una serie de programas en Radio Loíza donde Conde y Rubén Parrilla, director del Instituto de Apicultura de Puerto Rico, criticaron la nueva Ley 112, cuyas enmiendas se le atribuyen al legislador Nelson Cruz, según se alega con el insumo del licenciado Solá.

Entre las enmiendas aparece la aprobación de la apicultura urbana, que Solá respalda. En esa entrevista participó el Dr. Tugrul Giray, entomólogo y profesor del Recinto de Biología de la Universidad de Puerto Rico, que fue más ecuánime y cauteloso en sus declaraciones.

Conde alegó que en el cierre de la Escuela de Apicultura del Este alegadamente incidió el licenciado Rafael Solá por presuntos intereses personales en el desarrollo como ebanista de un negocio de manufactura de cajas de colmenas domésticas y lo vinculó a World Central Kitchen y su presunto plan de apoderarse del control de la apicultura en Puerto Rico.

Solá recibió tiempo igual para refutar cada uno de los planteamientos de Hermes Conde, sin descartar -según dijo- algún tipo de acción civil. Incluso, estuvo dispuesto a debatir públicamente con Conde y otros apicultores como Modesto Matías, de la Escuela de Apicultura de Hatillo, y Miguel Moya, pero los tres declinaron porque supuestamente el Lcdo Solá, quien también estudió en la Escuela de Apicultura del Este, los “ataca” en las redes sociales.

La semana pasada también entrevistamos al secretario de agricultura Carlos Flores, quien recordó que como toda ley, la 112 estará expuesta a enmiendas, aunque si la gobernadora Wanda Vázquez no la deroga (como pretenden algunos) antes del 31 de diciembre será responsabilidad de la próxima administración gubernamental.

Este periodista leyó la Ley 112 [que incluye un artículo nuevo y enmiendas a algunos de los ya existentes en la “Ley de Protección y Preservación de los Polinizadores de Puerto Rico” (la Ley 156 de 2016) firmada por Alejandro García Padilla antes de cumplir su término como gobernador por el Partido Popular Democrático.

Sin temor a equivocarnos opinamos que no debe ser derogada, sino enmendada porque hay lagunas en algunos de sus artículos, que nos detendremos a comentar en el presente editorial.

Tras la enmienda, el Artículo III de la Ley 112 versa así: “La Junta de Planificación y la Oficina de Gerencia de Permisos deberán atemperar toda reglamentación de construcción, planificación urbana y el Plan de Uso de Terrenos, para que cumplan con la política pública dispuesta en esta Ley. Las agencias correspondientes deberán establecer entre sus parámetros, sin que se entienda como una limitación, el uso de flora nativa melífera, propolífera, polinífera o de alta producción de polen y árboles frutales, además de códigos de construcción que consideren el desarrollo y la proliferación de polinizadores. Dicho proceso deberá ser asistido por un planificador ambiental debidamente certificado y por un especialista en el tema de los polinizadores”.

Comentario: exponen a la apicultura a la asfixiante burocracia gubernamental, en tiempos en que las agencias públicas están tan desprestigiadas por la corrupción. Como no son expertos, esto conllevará el desembolso de altas sumas de dinero en remuneración a asesores y en la contratación del planificador ambiental (¿podrá atender toda la Isla?) cuando los expertos son los apicultores.

Artículo V versa: “Se declara a la abeja que habita en Puerto Rico como Patrimonio de Puerto Rico y, cónsono con los propósitos de esta Ley, se prohíbe la matanza o el mal manejo de éstas, requiriéndose además, que toda situación relacionada con las abejas, ya sea por enjambrazón o de una colmena propiamente, esta sea atendida por un apicultor certificado o registrado en el Departamento de Agricultura.”

Comentario: Ni el propio secretario de agricultura conoce cuántos apicultores aparecen registrados en la agencia, aparte de que muchos de los que ofrecen servicios en las comunidades no están certificados, sino capacitados por la experiencia acumulada por años y los conocimientos adquiridos en las escuelas de apicultura y en talleres con el Dr. Tugrul Giray.

Artículo VII: “Se le ordena al Departamento de Agricultura a desarrollar y preparar un mapa que refleje la ubicación de todo apiario en cada uno de los municipios de Puerto Rico, estableciendo para cada uno de ellos el nombre del apicultor a cargo y el número de colmenas. De igual forma, estará a cargo de regular y permitir la apicultura urbana.”

Comentario: En la exposición de motivos y en el texto en general de la Ley 112 no se detallan ni la regulación ni los alcances de la apicultura urbana. Obviamente, la familia de Alturas no podía reubicar los enjambres en una caja porque no saben manejar las abejas y si aún los ayudara un técnico en reubicación de enjambres hay unos vecinos al frente, detrás y a ambos lados de su residencia que se pudieran ver afectados cuando se active una cortadora de grama o se practique otra actividad que irrite a las abejas. No es tan sencillo cómo que el vecino te avise cuando vaya a pasar el trimmer y corras a cerrar la piquera o acceso de las abejas a la caja.

Artículo IX: “Se ordena al Departamento de Agricultura a crear una Comisión que incluirá un (1) representante de la Federación de Alcaldes, un (1) representante de la Asociación de Alcaldes, un (1) representante de la comunidad de apicultores, un (1) representante del Departamento de Agricultura y un (1) representante del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales con el fin de determinar qué método de asperjación será el utilizado por los municipios y/ o entidades gubernamentales, tomando en consideración las guías y política pública de la agencia federal “United States Environmental Protection Agency” y las guías para mitigar los daños a las abejas adoptadas por esta agencia. Dicha Comisión estará creada luego de ciento ochenta (180) días de aprobada esta Ley. Ningún municipio o entidad gubernamental podrá asperjar insecticidas, herbicidas o plaguicidas sin la recomendación escrita de la Comisión. Será deber de los municipios y entidades gubernamentales, antes de asperjar insecticidas, herbicidas o plaguicidas utilizar el método de asperjar recomendado por la Comisión.”

Comentario: La ambigüedad del Artículo IX es obvia. No rechazan de plano, se infiere, asperjar insecticida para combatir los vectores transmisores de enfermedades como el dengue. ¿Habrá un veneno que sea inofensivo para las abejas? ¿Por qué no prohíben el herbicida RoundUp de Bayer-Monsanto que no pocos alcaldes siguen utilizando y cuyo ingrediente principal (el glifosato) es letal para las abejas? Además, el nombramiento de funcionarios gubernamentales, con un solo representante de la comunidad de apicultores, aparte de burocratizar la práctica de la apicultura en Puerto Rico, a juicio nuestro los pone en desventaja y a merced de los grandes intereses.

Sin vistas públicas y en medio de la pandemia, esta ley fue aprobada el pasado 12 de agosto de 2020 y ya entró en vigor porque ya transcurrieron 30 días de su aprobación.

Cómo apreciarán, tiene varias lagunas que deben ser aclaradas o disipadas; incluso enmendadas y quién sabe si eliminadas.

La realidad es que hasta antes de la Ley 156 de 2016 no pocos de los alcaldes y su personal de manejos de emergencias se dedicaban a fumigar y matar abejas.

Ahora la Ley 112 es focal en la protección de las abejas, estableciendo: “Ningún municipio podrá asperjar insecticidas, herbicidas o plaguicidas nocivos para las abejas en un radio de tres (3) millas de ubicación de un apiario identificado como tal en el Departamento de Agricultura.”

Comentario: Entonces, se puede fumigar en un radio de tres millas asumiendo que no hay otro apiario cerca. Pero, ¿y las colmenas, colonias y enjambres que abundan a cortas distancias? Aunque fumiguen en un radio de tres millas, se verán afectadas.

Y la Ley 112 añade, con la salvedad de que antes se contemplaba el arresto y encarcelamiento del infractor que violara repetidamente el estatuto, “cualquier compañía de fumigación, sus empleados o mandatarios que eliminen o maten alguna colonia de abejas o que incumplan lo aquí establecido, estarán sujetos a una multa no menor de quinientos (500) dólares ni mayor de mil (1000) dólares.”

En síntesis, más que nunca, se necesita consenso entre los apicultores comprometidos con la protección de las abejas en ambientes y entornos seguros para la ciudadanía, que debe ser educada sobre la importancia de la conservación del más numeroso, amable, generoso y productivo de las especies de insectos polinizadores.

La controversia suscitada lamentablemente entre parte de los directivos de escuelas de apicultura y el Lcdo Rafael Solá es triste porque al final del día afecta a las abejas alrededor del Archipiélago.

Ocurre en momentos en que decenas de entidades ambientales, científicas, ecológicas, académicas y comunitarias advierten que si se aprueba el Reglamento Conjunto 2020 (Para la Evaluación y Expedición de Permisos Relacionados al Desarrollo, Uso de Terrenos y Operación de Negocios 2020) se terminará de destruir el patrimonio de recursos naturales de Puerto Rico.

Los desarrolladores foráneos, independientemente de una ley que podría terminar como letra muerta precisamente por los grandes intereses y la corrupción sistémica, no se detendrán a pensar, por ejemplo, en las colonias de abejas del Corredor Ecológico del Noreste, como John Paulson tampoco lo hizo cuando explotó gran parte de la Reserva Natural del Río Espíritu Santo en Río Grande para el desarrollo de su mega proyecto multimillonario Ocean Drive Beachfronts, con la bendición del Dios Billete y de la entonces secretaria de Recursos Naturales y Ambientales Tania Vázquez.

Más que nunca, en un asunto tan neurálgico como la apicultura, se espera que las partes en controversia se sienten a conversar y lleguen a un acuerdo satisfactorio para enfrentar a un enemigo en común: el desarrollo insaciable de los grandes intereses a los que las abejas les importa un pepino.

Fotogalería

Licenciado Rafael Solá, el Abogado de las Abejas. (Foto/suministrada por Lcdo. Solá)

Hermes Conde en la Escuela de Apicultura del Este, cerrada la pasada semana. (Foto/JTT)

Conde durante sus últimos días en la Escuela de Apicultura del Este. (Foto/JTT)

Faenas en el manejo y remoción de una colonia en un lugar residencial. (Fotos/JTT)

           

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