Paula: ‘Me prostituí porque necesitaba dinero’.

(Nota del Editor: Como parte de la cobertura de este medio independiente del problema de la trata de niñas y su explotación sexual en Puerto Rico publicamos la entrevista con una joven mujer que contó como con solo 17 años entró al mundo de la prostltución. La nombraremos Paula para proteger su identidad.)

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

Ceiba- Residía con sus abuelos.

Ambos estaban muy enfermos y a duras penas el Seguro Social les alcanzaba para satisfacer las necesidades de su nieta Paula, de solo 17 años cuando, de fiesta con unas amigas en un pub de Fajardo, desapareció una noche de su casa.

Paula, hija de una madre soltera que murió doblegada por su adicción a la heroína, contó en exclusiva para Prensa sin censura que su vida cambió la madrugada en que, después de una noche de tragos y bailoteo con varios marinos de la Base Roosevelt Roads, despertó un domingo en una habitación y bajo amenazas de sus dos acompañantes, encapuchados, fue vendada y transportada a pocos pasos de su casa en el pueblo de Ceiba.

Al regresar sus abuelos, desvelados y angustiados, le preguntaron qué había sucedido y sin pensarlo mucho les dijo que estuvo en la casa de su mejor amiga.

En su alcoba, aún con los efectos del licor consumido, abrió su cartera y encontró $500.

La misma escena se repitió la noche del siguiente sábado: otra salida al pub para bailar y compartir cervezas con los militares.

Nuevamente despertó lejos de la casa de sus abuelos y los dos individuos, enmascarados, hicieron lo propio: le vendaron los ojos antes de salir del lugar, se presume que un motel en Río Grande, en dirección a Ceiba.

“Otra vez me regalaron $500. Eran $1,000 en una semana y los usé para comprarme ropa a la moda y comprar un teléfono. Así me comencé a prostituir. Me prostituí porque necesitaba dinero. Esas salidas se convirtieron en un hábito. Lo mismo ocurría con mi amiga. Era una manera fácil de ganar dinero”, contó la hoy mujer de 35 años a este medio alternativo.

Sus abuelos murieron tres años después de la primera violación técnica a que fue sometida, bajo los efectos del licor y sabrá Dios si de otras sustancias. Paula permaneció sola en la humilde casa del casco del pueblo.

“Abandoné la universidad. Compré un carro nuevo y tenía lo que quisiera tener a mi edad. Con el tiempo, después de la salida de la marina de Vieques, poco después cerró la base y ya no habían militares en los lugares de entretenimiento de Fajardo y Luquillo. Pero ahí es que decido moverme a San Juan”, narró.

Hubo un embarazo que terminó con un aborto. Luego otro que también finalizó, optando entonces por la estirilización.

Paula comenzó a frecuentar algunos de los hoteles de San Juan. Cada sábado, sentada en el vestíbulo, elegante y radiante según cuenta, en medio de la algarabía nocturna de baile y tragos, aparecía un acompañante.

“Cobraba $1,500 y mis clientes eran hombres adultos y adultos mayores, casi todos turistas norteamericanos y orientales. Junto con esa vida desarrollé un vicio de cocaína. Y en un año vi como el dineral que ganaba como prostituta lo usaba para el vicio”, contó con crudeza.

La cocaína la enfermó. Su dependencia a la droga afectó su apariencia. Adelgazó considerablemente y ya no atraía tanto, según reveló, como en los años previos a su adicción.

“Ya ni eran hoteles; eran barras o avenidas oscuras como la Fernández Juncos en Santurce. Ya no eran ni tan siquiera $500 ni $150. En ocasiones era sólo la bolsita de una onza de cocaína”.

Su arresto en una redada anti prostitución, comprende hoy, fue providencial. Estuvo presa en la Cárcel de Mujeres de Vega Alta. Allí participó de unos talleres de cosmetología y estilismo, oficio al que se dedicó a su regreso a la libre comunidad.

Paula, en tiempos de la pandemia, vive con su esposo, un plomero que también tocó profundo en su vida. Son padres de unos gemelos y su norte es evitar a toda costa que su historia se repita con sus hijos.

“Cristo es mi vida. En mi congregación aconsejo a las niñas y a las jovencitas para que se cuiden de los depredadores sexuales que en esta era de Internet abundan en las redes sociales. Mi consejo: eviten salir a lugares donde hay licor y otras cosas, pero si salen háganlo acompañadas de algún familiar y siempre informen dónde se encuentran. Mi vida parecía divertida por el mucho dinero que obtuve, pero se convirtió en una miseria. Estoy viva gracias a la misericordia de Dios”.

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