Bad Bunny: un ‘compositor’ depravado

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

La operación de apendicitis a que fue sometido urgentemente no es más importante que la barrabasada de ASCAP al elegir a Bad Bunny como compositor del año.

Le deseamos pronta recuperación, pero hoy me resisto reconocer a Bad Bunny como cantautor.

Tal vez un ‘compositor’, entre comillas porque el título le queda grande, pero depravado.

La distinción conferida a Benito Antonio Martínez Ocasio, su nombre, revela la decadencia moral de la industria musical y cómo instituciones de trayectoria y prestigio como la Sociedad Americana de Compositores, Autores y Editores (ASCAP) hipotecan su credibilidad a juicio nuestro por la presión de los influyentes lobbies que impulsan la carrera de este y otros seudo talentos urbanos que repentinamente saltan a la fama como ‘celebridades’.

Ese premio deshonra a compositores puertorriqueños de gran valía como Rafael Hernández, Tite Curet, Puchi Balseiro, Tito Henríquez, Bobby Capó, El Topo y la nueva generación que representan Nore Feliciano, iLe y Kany García.

Hace dos años analizamos en periódicos como Metro y en la revista digital de la Fundación Nacional para la Cultura Popular el fenómeno sociológico de Bad Bunny. Y no negamos que consideramos pertinente una entrevista que después de varias gestiones fue denegada.

Entonces analizamos que representaba a los millenials de todas las clases sociales y que, así como René Pérez es recordado por la procacidad de sus letras al inicio del proyecto Calle 13, debía madurar y evolucionar en sus contenidos.

Pero, aún con la experiencia social de la cruzada popular ‘Ricky Renuncia’ del pasado verano, Bad Bunny optó por la marcha del cangrejo: retroceder en términos de la estética, sustancia y pertinencia social de sus canciones.

El exponente del trap es reconocido por ASCAP como compositor del año en parte por el éxito del sencillo “Safaera”, que canta junto a Ñengo Flow y Jowell & Randy.

Aquí compartimos un fragmento de la letra:

Mi bicho anda fuga’o y yo quiero que tú me lo esconda’

Agárralo como bonga

Se metió una pepa y la pone cachonda

Chinga en lo’ Audi, no en lo’ Honda, ey

Si te lo meto no me llame’

Que esto no e’ pa’ que me ame’, ey

Si tu novio no te mama el culo

Pa’ eso que no mame

Baja pa’ casa que yo te lambo to’a

Mami, yo te lambo to’a

Baja pa’ casa que yo te rompo to’a, ey

Que yo te rompo to’a

Baja pa’ casa que yo te lambo to’a (¡Sigue!)

Mami, yo te lambo to’a (¡Sigue!)

Dime, sierva (Papi, sigue)

Si tú fuma’ yerba (Papi, pa-pa-pa)”

Imagínense, Spotify la retiró de su menú de canciones y programación musical. Pregunto: ¿qué revela tal procacidad y depravación? Que el muchacho no es nada inteligente o que a sus estrategas les importa un pepino el buen gusto. También que la industria discográfica baila al son que le toque el billete; que se perdió el buen gusto y que sencillamente la música urbana está al borde del colapso.

Y no es que no se hable de sexo porque se podrían enumerar decenas de canciones eróticas de artistas muy conocidos y de distintas generaciones.

Supongo que los manejadores de Bad Bunny le ponen “Safaera” a sus hijas y sobrinas y que el propio artista la tararea en su círculo familiar.

Una pena que pudiendo hacer la diferencia opte por la basura de su disco “YHLQMDLG”… Después de todo, Benito hace lo que le da la gana sin importarle que las niñas y los niños que le siguen se contaminen con sus aberraciones sobre la sexualidad y la intimidad.

La prensa épica de otra época lo hubiera despedazado con sus críticas, pero precisamente los medios son parte del problema por la carencia de criterios de buen gusto musical.

Hoy, sin censura, afirmo que Bad Bunny, como La Comay, la claque política que desarticula al País, los programas de chismes, los medios corporativos en general y la marca Goya que respalda a un presidente racista y xenófobo como Trump, son reflejo de una sociedad decadente que ha perdido el respeto a sí misma si es que alguna vez lo tuvo…

Bad Bunny (Foto de Facebook)

6 comentarios en “Bad Bunny: un ‘compositor’ depravado”

    1. Para empezar, no deberían llamarle ni compositor. Hay diferencia entre autor y compositor. El compositor compone música. ¿Él hace su música, o sólo escribe la letra, o sólo la interpreta? Si no escribe música, no es compositor.

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  1. Coincido con su análisis de la basura que muchos cantantes de ese género denigran a la mujer con su lírica sucia de nada romántica ni siquiera respetuosa. Lamentablemente la mujer lo permite y no se da a respetar. Los medios y la FCC no hacen nada para sacar esa basura del aire. Todo ésto denota un deterioro cultural de un sector de la juventud. Me da mucha pena que las nuevas generaciones tengan que escuchar esa basura que no alimenta nada bonito al espíritu. CENSURADO

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  2. Aquí quién queda desprestigiado es ASCAP.
    Ningún buen escritor, que se respete, reclamaría un premio de ese sitio.
    Las personas que votaron a favor, de otorgarle ese reconocimiento, al Conejo Malo, debieran ser expulsados.
    Para Bad Bunny es solo “Show Business”.
    A él le conviene que se hable de él. Los cañones debieran ser dirigidos a quienes lo eligieron.

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  3. Una “música ” mediocre para gente mediocre. No solamente sus letras, también como “música ” es la peor mediocridad que yo haya escuchado en mi vida. Si, lo he escuchado a cojones, porque donde quiera , desde el frente de nuestras casas hasta lugares públicos es imposible no escuchar senda mierda cuando pasan los cacos en sus carros con su estruendoso equipo a todo volumen sonando tal basura, como si a todos nos gustara tal cagazón producto de unos monos macacos que dicen ser cantantes, pero que ni siquiera el más condecorado como “compositor del año” sabe lo que es un La Sostenido.

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  4. Arrópalo en toda la palabrería intelectualizada que quieras, el reggaetón se trata de poco más que un atraco a mano armada de los rasgos más escandalosos y ostentadores del rap y hip-hop norteamericano, ideado por cínicos promotores puertorriqueños, en un esfuerzo de exprimir la más plata posible de un género copiado—mejor dicho, calcado de expresiones extranjeras ya creadas. Es un robo total, no solo de ritmo (si quieres llamar pun-kabun kabun kabun kabun “ritmo”) sino también robo de vestido, tatuaje, joyería, gestos digitales de matones y gangsters de arrabal—sin hablar de la fijación hipnótica sobre collares, nalgas y tetas—idéntico a gangsta, pero en idioma español. No es un universo que realmente eleva a un pueblo. Al contrario, es un bochorno a todo puertorriqueño sensato. No es música. Es el logro de la perfección en la cínica seducción comercial de inocentes. Es una farsa arropada en el manto de expresión popular. No hay más que ponerse un gorrito, gafas negras, cadenas y collares, señalarse obsesivamente la ingle, acuclillarse, inclinar la cabeza repetidamente y expeler versos pueriles sobre el coito anal, para prosperar en ese medio.

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