Viva más con actividad física

Mayra S. Ortiz Tapia – MPH/MBA

Periodismo Alternativo

La actividad física y proteger la memoria son determinantes y fundamentos para un envejecimiento activo y saludable. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en las personas mayores debe medirse la salud en términos de función y no de enfermedad. La capacidad funcional determina expectativa de vida, la calidad de vida y los recursos o apoyos que necesitará. Nos permite conocer y proyectar las posibles dificultades sin establecer parámetros exclusivamente basados en diagnósticos clínicos. Logrando un abordaje integral de la persona en todas sus necesidades.


La actividad física es una forma fácil, efectiva y segura de mantener o mejorar la salud y calidad de vida de las personas, incluidas las mayores. Los beneficios incluyen la prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas; las cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, Alzheimer y sus factores de riesgo. La evidencia científica es robusta y apunta también a mejoras en la salud neurológica, la capacidad funcional, el bienestar psicosocial, mental en un entorno saludable.
La actividad física contribuye al éxito de lo que se conoce como envejecimiento activo. El término activo hace referencia a una participación continua en aspectos sociales, económicas, culturales, espirituales, cívicas, y no solo al aumento de los niveles de actividad física.

La independencia funcional es uno de los determinantes de mayor importancia para el logro de un envejecimiento activo y saludable. Lograr detectar las señales de dificultad y falta de autonomía en las personas nos permite establecer medidas de contención y atención. El bienestar, contemplado y valorado como factor de comportamiento y estilo de vida, implica la actividad física y el desempeño de las actividades del diario vivir. Estas actividades son un conjunto de tareas y conductas que una persona realiza de forma diaria y que le permiten vivir de forma autónoma e integrada en su entorno así como poder cumplir su rol o roles dentro de la sociedad.

¿Cuáles son las actividades básicas de la vida diaria?

Baño/ducha
Cuidado de la vejiga y de los intestinos
Vestirse
Comer
Alimentación
Movilidad funcional
Higiene personal y aseo


Para poder intervenir y ayudar a que las personas mayores aumenten sus niveles de actividad física, es fundamental realizar una valoración previa para conocer la condición física inicial y medir los progresos. La valoración previa consta de Evaluación médica, recomendada para todas las personas mayores de 35 años que desean participar en un deporte o programa de ejercicio. Evaluación de los niveles de actividad física actuales y de la capacidad funcional mediante pruebas de desempeño físico, Evaluar riesgo de caídas y una entrevista clínica, para profundizar en los determinantes sociales de la salud de la persona.


Toda la información obtenida nos permitirá establecer objetivos específicos que motiven a la persona a lograr metas a corto plazo y seguir hacia delante. Los objetivos deben ser medibles, alcanzables, realistas, relevantes, incluyendo el tiempo para lograrlo. Es recomendable establecer objetivos a corto y a largo plazo y dejarlos por escrito.


Para los adultos mayores, las opciones consisten en actividades recreativas o de ocio, desplazamientos (paseos caminando o en bicicleta), actividades ocupacionales (cuando la persona todavía desempeña actividad laboral), tareas domésticas, juegos, deportes, programas de ejercicio, Hay que guiar y acompañar a la persona mayor en todos estos aspectos y no centrarse solo en el ejercicio.


Aumentar la motivación: el apoyo social, el afecto positivo y la reestructuración de actitudes negativas, contraproducentes y conceptos erróneos, estas estrategias motivacionales buscan incrementar la motivación para la actividad física al aumentar el nivel de eficacia, las creencias de control y las habilidades de autogestión.


El otro determinante para preservar la autonomía es proteger la memoria y capacidades cognitivas; mantenerse activo, es una forma de conectar y sentirse parte integral de la sociedad. Esto nos permite derribar los estereotipos de la vejez, de dar sentido a la vida, de tener un propósito, de entrar en contacto con otros, de conservar la salud y de superar barreras.


La enfermedad de Alzheimer es la forma de demencia más común. A pesar de que la investigación está actuando en diferentes campos, no hay todavía una forma segura de prevenir el Alzheimer y otros tipos de demencia.

La evidencia científica ha identificado varios factores de riesgo asociados con este tipo de enfermedades. Algunos de estos factores, la genética o la edad, están totalmente fuera de nuestro control. Sin embargo podemos actuar sobre algunos elementos llevando a cabo cambios en nuestro estilo de vida o utilizando tratamientos farmacológicos y no farmacológicos que enlentezcan la progresión.

  1. Ejercítate – Practica ejercicio cardiovascular regular de forma que suba tu ritmo cardíaco e incremente el riego sanguíneo en la cabeza y el cuerpo. Algunos estudios han demostrado que existe una relación entre el ejercicio físico y una reducción del riesgo de deterioro cognitivo.
  2. Desafíate a ti mismo/a – Desafía y activa tu mente. El aprendizaje en cualquier etapa de la vida te ayudará a reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Así que apúntate siempre que sea posible a algún curso para adquirir conocimientos o aprender nuevas habilidades.
  3. Deja de fumar – Son muchos los estudios que demuestran que el tabaco incrementa la probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo. Dejando de fumar puedes reducir este riesgo a niveles similares a los de personas no fumadoras.
  4. Evita o disminuye el consumo de alcohol – Un consumo elevado de alcohol durante un periodo prolongado de tiempo puede producir daños en el cerebro que pueden incrementar el riesgo de desarrollar demencia.
  5. Cuida de tu corazón – Los factores de riesgo cardiovascular como por ejemplo la obesidad, la tensión alta o la diabetes tienen un impacto negativo en tu salud cognitiva. Ten en cuenta que, si cuidas tu corazón, también estarás cuidando de tu cerebro.
  6. Riesgos a caídas y accidentes – protegerse y evaluar el entorno y actividades de riesgo. Algunas lesiones cerebrales pueden incrementar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Ponerse el cinturón de seguridad en el coche o protegerte la cabeza cuando practicas determinados deportes de contacto, pueden ser buenas opciones para evitar caídas y golpes innecesarios.
  7. Come sano – Intentar mantener una dieta sana y equilibrada baja en grasas y con frutas y verduras abundantes puede ayudarte a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
  8. Sueño y descanso- Ten en cuenta que dormir pocas horas de manera continuada debido a causas como por ejemplo el insomnio o la apnea puede producir problemas de memoria.
  9. Cuida tu salud emocional – Algunos estudios relacionan la depresión con una probabilidad más elevada de sufrir deterioro cognitivo. Por eso es fundamental buscar tratamiento médico en caso de tener síntomas de depresión, ansiedad u otros tipos de problemas mentales. Es importante saber gestionar el estrés.
  10. Evita el aislamiento social — Aunque pueda parecer sorprendente, mantener una vida socialmente activa ayuda a tener tu cerebro sano. Por eso, es importante encontrar maneras de salir, relacionarte y conocer gente dentro de tu comunidad o pasar ratos con tus amigos y familiares.
    La autora es gerontóloga clínica especialista en salud pública y geriatría. http://www.sigapr.com 787-998-3788

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