Envejecer con salud

Yashira M. Rodríguez Torres

Periodismo Alternativo


El envejecimiento saludable se define como el proceso de optimizar las oportunidades de salud física, mental y social que permiten a la gente mayor participar activamente en la sociedad y gozar de una calidad de vida buena e independiente. Los estilos de vida que han demostrado tener un impacto significativo en la salud, bienestar y calidad de vida en la vejez son: una alimentación adecuada, ejercicio físico, periódico y seguro; higiene personal adecuada, sueño suficiente y reparador, recreación y alta autoestima (Mendoza-Núñez y Martínez Maldonado, 2013).

Existen distintos tipos de envejecimiento, esto son:


* Vejez normal, esta se caracteriza serie de cambios graduales biológicos, psicológicos asociados a la edad, intrínsecos e inevitables, que ocurren como consecuencia del paso del tiempo.
* Vejez Patológica: se caracteriza por la presencia de alguna enfermedad o discapacidad asociada a cambios naturales del proceso de envejecimiento.
* Vejez Activa o satisfactoria: esta se encuentra en las mejores condiciones posibles con baja probabilidad de enfermar, con alto funcionamiento físico funcional, cognitivo y afectivo y gran compromiso con la sociedad. Este tipo de vejez es la más deseable.


Constructo Social de la Vejez


Socialmente se ha definido el proceso de envejecimiento meramente como algo patológico. Esta etapa es vista como una donde el ser humano se vuelve en un sujeto sin efectividad, donde se pierden las capacidades físicas, cognitivas e incluso emocionales para continuar siento socialmente activo y efectivo.

Esto lo podemos evidenciar cuando cuestionamos a las personas sobre que concepto tienen referente al envejecimiento. Me di la tarea de entrevistar a varias personas entre las edades de 16 a 60 años. Para mi sorpresa, los entrevistados más jóvenes cercanos a los 16 años de edad decidieron no hacer comentarios referentes al tema, incluso una de las entrevistadas cuya edad es de 16 años, indicó que prefería no hablar de ese tema hasta que le tocara vivir esa etapa; lo cual pudiera denotar que contamos con una sociedad de jóvenes que posiblemente prefieren no visualizar esa etapa en su vida ya que tal vez a nivel inconsciente, esto les representa un aspecto negativo para sus vidas.

Un comentario que la mayoría de los entrevistados expresó fue el deseo de que su opinión se le tomara en cuenta y poder ser activos y funcionales para de esta forma no representar una carga para sus familiares. Otra de las entrevistadas cuya edad fluctúa entre los 53 años de edad, expresó que el proceso de envejecimiento es algo que no podemos evitar.

Utilizando este último comentario como base, me gustaría presentar el planteamiento de la necesidad constante que vemos en las personas de querer evitar el proceso de envejecimiento.

Constantemente veo como las personas se someten a tratamientos estéticos tanto quirúrgicos como no quirúrgicos para aparentar una edad menor a la que tienen, vemos como las personas sienten temor de compartir su edad, el deseo constante de querer aparentar menor edad de la que realmente tienen para de este modo sentirse aptos y con un autoestima saludable.

Otra de las tareas que realicé, fue la de entrar a las páginas de un cirujano plástico y una dermatóloga especialista en tratamientos para rejuvenecer, quedé impactada al evidenciar que ambos no contaban con citas disponible hasta más de uno o dos años debido a la alta demanda con la que cuentan sus servicios. A través de estos ejemplos, mi interés es poder mostrarles la realidad de que vivimos en una sociedad con miedo a envejecer, esto debido al constructo social que se ha perpetuado socialmente referente al tema de envejecimiento, describiéndolo como un proceso de discapacidad, soledad y apariencia física deteriorada.

Es lamentable notar como la sociedad se afana mucho más en rejuvenecer su rostro que en rejuvenecer su salud tanto física como emocional a través de buenos hábitos alimenticios, buen descanso y actitudes positivas dirigidas a empoderarse. Nuestras mentes han sido transformadas por las campañas de publicidad que lanzan las grandes compañías de belleza, quienes en su mayoría promocionan el tratamiento más efectivo para rejuvenecer la piel del ser humano, promoviendo de este modo, huir o aplazar una realidad muy natural y de la cual tenemos la capacidad de otorgarle un nuevo significado.


Todo comienza en Nuestra Mente


Una persona cuyo concepto sobre el envejecimiento sea uno negativo, puede incidir en conductas patológicas y compulsivas, llegando incluso a padecer síntomas de ansiedad, depresión y en casos severos trastornos por despersonalización.


Todo comienza en nuestra mente, si damos un nuevo giro al significado atribuido al proceso de envejecimiento, de esta forma estamos promoviendo un envejecimiento activo y satisfactorio.

Para comenzar me gustaría preguntarles ¿Las enfermedades físicas o discapacidades solo llegan en la vejez? Imagino que su respuesta sería ̈No ̈ y por supuesto que coincido con ustedes. Una enfermedad o accidente que nos lleve a un estado de dependencia puede llegar en cualquier edad, por lo que no hay motivo para solo temerle a esto en el la etapa de la vejez.

Por otra parte podemos ver las arrugas como un signo de deterioro o simplemente como la evidencia de lo dichosos que hemos sido de poder vivir; verlas como el recuerdo de las experiencias gratas y no tan gratas que la vida nos ha traído y por la cual en el hoy contamos con una sabiduría renovada, del mismo modo en que las estrías en una mujer que dió a luz un hijo, le recuerdan ese regalo tan preciado, hoy podemos comenzar a ver las arrugas como símbolo de un grato regalo de vida lleno de experiencias.

En un articulo publicado por New York Times, se presenta la historia de una mujer de 71 años quien al salir del gimnasio se topó con una mujer tendida en el suelo y con dificultad para levantarse por si sola, al la mujer de 71 años verla, se acercó para ayudarle, mientras la que estaba en el suelo culpaba a su edad de 70 años por estar allí; lo que nos revela una vez más que la edad no es símbolo de enfermedad ni pobre funcionalidad, esto se ve mayormente afectado por la forma en que nos pensamos, lo cual se encuentra estrechamente vinculado en la forma en que nos conducimos en la vida.


Estrategias para disfrutar del proceso de envejecimiento

* Cambia tu lenguaje – No te expreses de forma negativa referente a las arrugas o signos de envejecimiento. Al cambiar tu lenguaje, modificarás tus pensamientos y los de los quienes te escuchen.
* Adopta buenos hábitos – lleva una alimentación saludable, donde incorpores el consumo diario de frutas y vegetales, junto con el ejercicio físico diario.
* Planifica tu vejez – Comienza a proyectar que esperas para esa etapa, si deseas viajar, estar en casa con tu familia, estudiar una nueva carrera, etc. planifícalo de una forma realista acorde con tu capacidad económica y funcional.
* Acéptate – acepta el proceso de envejecimiento como uno natural.
* Comprométete – haz un compromiso contigo mismo (a) de cambiar el modo de ver el envejecimiento, mediante tus acciones y palabras, comienza a sembrar la semilla del nuevo significado lleno de valor que deseas otorgarle al envejecimiento.

Comenzar hoy a sembrar la semilla que deseamos ver germinar en el día de mañana. Hoy es el día indicado para que comiences a disfrutar del proceso de envejecimiento sin temor, con orgullo y plena satisfacción por lo vivido y llenándote de expectativas y metas para el futuro. Según un dato revelado por el CENSO en el 2018 se estableció que la población de Adultos Mayores en Puerto Rico se igualaba a la población de jóvenes de 18 años o menos. Hoy en día, en el año 2020 se ha reportado una reducción de 36% en la población de menores de 18 años. Por lo que el comenzar a modificar la forma en que nos pensamos y proyectamos puede incidir en que cada día la población de Adultos Mayores que predomina en PR sea una activa y saludable que lejos de querer buscarle cura al proceso de envejecimiento y ralentizarlo, sea una que lo viva con dignidad, honra y orgullo.


La autora es trabajadora social en Centro Servicios Integrados Gerontológicos y Apoyo Familiar (SIGA PR) y Consejera Profesional en adiestramiento. Certificada en Nutrición y Dietética, Estimulación Cognitiva, Derechos Humanos, Neuropsicología y Entrenamiento Cognitivo por la Universidad de Harvard.

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