Briseida, la Diosa de la Belleza

Editorial Satírico

Por Justa Galatea

Para Prensa sin censura

Recuerdo la primera vez que te conocí, hace ya casi una década. Entraste al salón de conferencias con tu ‘look’ de Sofía Vergara joven, lunar en boca tipo Cyndi Crawford, pestañas de abanico español, y Ipad color rosa en combinación con tu celular del mismo color. Y para acabar de completar, me dices que te llamas Briseida, que pa’ colmo en griego significa “Diosa de la Belleza”. Hasta yo me enamoré de ti a primera vista.

Pero el amor duró como 2 minutos, y así comenzamos una guerra que aún no acaba. Yo saqué mis pistolas cargadas de paciencia y coraje para defender a los obreros. Tu sacaste tus cañones corporativos llenos de dinero, excusas y trampas para defender los grandes intereses de tus clientes. Esos grandes intereses que le roban descaradamente a la gente que trabaja por salario mínimo, a los que rompen noche, a los que no les queda otro remedio que someterse al discrimen y abuso de sus patronos para poder sobrevivir. Pero no te juzgo por eso, reconozco y respeto tu decisión de dedicarte a defender patronos. La realidad es que hay patronos buenos y patronos malos, así como hay empleados buenos y empleados malos.

El punto es que cada cual tiene un trabajo que hacer y tu escogiste trabajar para el bando de los patronos. Yo sigo trabajando para la gente del otro lado.

Por eso, cuando el 8 de mayo de 2019, el otrora gobernador y “brother-in-chief” Ricky Rosselló anunció que te nominaba para Secretaria del Departamento del Trabajo quedé patidifusa. El Departamento del Trabajo es la casa de los obreros. De acuerdo con la Ley Orgánica que creó esta dependencia, su función principal es patrocinar, alentar y desarrollar los intereses y el bienestar de los trabajadores de Puerto Rico.

Laborar por mejorar sus condiciones de vida y de trabajo y promover sus oportunidades para obtener empleos lucrativos. Representar en los foros correspondientes a los trabajadores, con el propósito de garantizar sus derechos bajo la legislación protectora del trabajo. Garantizar condiciones de trabajo adecuadas, procurando la seguridad, salud y protección contra riesgos.

¿Cómo es posible que la reina de todas las cosas anti-obreras, que en ese momento estaba en guerra activa contra un centenar de trabajadores en decenas de casos judiciales, fuera considerada para ocupar tal puesto? La misma abogada que suscribía bajo su firma estrategias legales para darle la vuelta a las leyes protectoras del trabajo y zafar a sus clientes de responsabilidad. ¿Pero es que a nadie en el comité de nombramientos se le ocurrió hacerte un background check? Prendí una vela y rogué que cuando el nombramiento llegara al Senado, los legisladores se iban a preparar adecuadamente para ejercer su función fiscalizadora y te colgarían. Estuve pendiente a ver si hacían alguna vista pública para ir a desenmascararte allí mismo, en la casa de las leyes, pero tus aliados se encargaron de protegerte del escrutinio público. Siete días después, el 15 de mayo de 2019 y al ritmo del fast-track del cual has disfrutado toda tu vida, te confirmaron por descargue como Secretaria del Trabajo.

De la noche a la mañana cambiaste de bando. Dejaste atrás al bufete O’Neill & Borges y los grandes intereses patronales, y te auto proclamaste capitana de la equidad y santa patrona de los trabajadores. Juraste a la prensa que ibas a proteger a los obreros. Abandonaste la guerra. Pero yo soy firme creyente de que las personas no se definen por sus palabras, se definen por sus actos, y dejé que el karma hiciera su trabajo. Después de eso, la historia se ha escrito sola. En tus escuetos 360 días como Secretaria del Trabajo la máscara se te fue cayendo sola, y no hablo de la N95. No hace falta editorializar tus ejecutorias en esa silla, todos hemos podido verte en inacción y hemos llegado a nuestras propias conclusiones. Inclusive tú, con tus súbitas razones personales y puntos controvertibles, te diste cuenta que tu única alternativa era escaparte por la puerta trasera de La Fortaleza.

Te confieso que leer tu carta de renuncia ayer fue un acto de catarsis, y el fin de tus diez minutos de fama, justicia divina. No tengo dudas de que eres una excelente abogada y que te cayó encima una situación sin precedente. Pero independientemente de ello, no eras la persona adecuada para asumir el puesto de Secretaria del Trabajo; fuiste víctima de tu propia hipocresía.

Quisiste correr sin haber gateado. Pero ten paciencia en esta transición, la misma que le has pedido a los trabajadores desempleados que no han recibido su desembolso por desempleo hace más de tres meses. Te veré pronto de vuelta en O’Neill & Borges dando la batalla por los patronos, o a lo mejor te garantizaron un puestito en la judicatura, ya veremos. Por el momento, me voy a disfrutar los memes de la semana, en lo que se enfría la cosa: “Queremos que Briseida nos baile la del PUA”.

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