Acoso sexual con solo un ‘click’ por Internet

Prof. Juan Carlos Malavé-Rexach

Para Prensa sin censura

Cada tecla presionada hoy en día, en alguno de los diversos artilugios tecnológicos cibernéticos, lleva una acción, una información y una responsabilidad. Nuestro mundo está lleno de letras, números, símbolos, mensajes, videos, llamadas, correos electrónicos, memes, avatares, etc. desde la luz de la mañana hasta la obscuridad de la noche.

Esto conlleva una gran responsabilidad social en todo lo que compartimos con las personas que impactamos por medio de mensajes cibernéticos. La cuestión es cómo lo hacemos, qué decimos y cómo se interpreta.

El acosar sexualmente es definido por la Real Academia de la Lengua como “el que tiene por objeto los favores sexuales de una persona, cuando quien lo realiza se halla en posición de superioridad respecto de quien lo sufre”. Los jóvenes, nativos digitales, expertos tecnológicos, genios en presionar las teclas, padecen de la ignorancia de la maleficencia de las redes cibernéticas. Mucho músculo cerebral para los botones, poca visión y precaución para los abusadores cibernéticos la gran mayoría en una posición de poder.

Un acosador sexual cibernético es un experto en la actividad de la mentira, la manipulación emocional y la exaltación iconográfica para poder saciar sus impulsos desbalanceados sexuales. Algunas de las dinámicas utilizadas son el obtener datos personales, suelen implementar secretos, utilizan fotos para engañar y promesas de beneficios económicos o sociales. Su única finalidad será siempre conseguir intercambio sexual.

La gran parte de los jóvenes carece de la madurez socioemocional para prever estas características por su etapa de desarrollo. Sin embargo, los adultos, padres, encargados y maestros están invitados a intervenir por medio de la orientación, supervisión y la advertencia para que estos actos no se cometan. Es importante entender que los jóvenes no tienen privacidad absoluta por lo que la supervisión directa y continua de sus redes y teléfonos es una manera de identificar a tiempo una conducta de riesgo.

La gran parte de los acosos sexuales cibernéticos se cometen por personas que ya conocen o han identificado a su víctima.  Por esto es recomendable que se enfatice en que aprendan a diferenciar las situaciones peligrosas y no necesariamente a situaciones relacionadas a extraños.  Los equipos electrónicos como las computadoras, laptops y celulares deben de ser utilizados en espacios abiertos dentro del hogar donde puedan ser supervisados. Explore y conozca cada una de las aplicaciones que utilicen en sus equipos y pídale que le enseñe a utilizarlas.  Conozca las redes sociales que utiliza y aprenda a manejar sus mecanismos de privacidad.  Establezca términos de tiempo para recurrir a estos equipos y limite las páginas que acceden en internet. Involúcrese y comente en las publicaciones de las redes sociales para dejar saber que un adulto está pendiente.  

Los inmigrantes digitales quizás no tenemos las destrezas tecnológicas y cibernéticas de los de los jóvenes de hoy día, pero sí podemos apoderarlos y educarlos para protegerlos de esta modalidad que en nuestros tiempos no existía. Evite que los jóvenes sean parte de este delito y recuerde que el acoso sexual está al borde de una tecla.

(El Autor es Profesor y Sexólogo Coordinador del Comité Promoción Salud Sexual de la Asociación de Psicología de Puerto Rico)

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