Todos somos envejecientes

Por: Mayra S. Ortiz Tapia MPH-MBA / Gerontóloga Clínica

Para Prensa sin censura

El segmento poblacional de Adultos Mayores, tan amplio e importante en nuestra sociedad no debería necesitar un día o mes puntual en nuestro calendario para acordarnos y reconocerlos.


Más allá del mes de Mayo; hay 364 días más donde ellos siguen presentes, aguardando quizá por un empleo, esperando ser incluidos y valorados en un plan integral de país , y soñando también con tener una vida plena y feliz como cualquiera de nosotros.


Una persona con una edad cronológica no necesita nuestra compasión, lo que necesita es inclusión. Lo que espera de la sociedad son recursos y medios para realizar sus actividades, para sentirse competente y poder llevar una vida plena en equidad.

Los adultos mayores conforman un 26.7 de la población en PR.


Asimismo, este amplio colectivo demanda por encima de todo, un cambio de percepción y una visión más real sobre ellos para poder construir entre todos, un futuro más inclusivo.

Cuando hablamos de este sector tan destacable de nuestra sociedad, es común que aparezcan casi al instante términos como “fragilidad” o “dependencia”. Las palabras importan, porque el lenguaje da visibilidad y define hechos reales que acontecen a nuestro alrededor.


Así, algo que se demanda en primer lugar desde los correspondientes organismos incluyendo los medios de comunicación es que optemos siempre por hablar, sencillamente, de adultos mayores. Para designar el segmento como referente de estadísticas; pero eliminar del lenguaje descriptivo la edad cronológica; como un distintivo. De ese modo evitamos la connotación negativa.

Estos términos se ajustan mejor a dicha realidad social, porque con ellos, designamos a un grupo de personas que por alguna característica en concreto ve limitada su funcionalidad y el trato al asociarlo a la edad.

No obstante, es menester reconocer alguna dificultad que acompañan o se agudizan en la etapa de la vejez. Sin embargo gracias a diversos recursos, como apoyos técnicos u otros productos, sus dificultades o limitaciones funcionales dejan de ser tan amplias.

Cada mes de mayo se celebra y reconocer la etapa de la vejez en un intento por promover los derechos y el bienestar de este segmento. Es esencial no solo que se faciliten adecuados recursos que se encuentre en una situación vulnerable. La visibilidad es el primer paso. Sin embargo, aún nos queda trabajar mucho en otros aspectos.

Por otro lado, diversos aspectos en los que deberíamos reflexionar sobre la situación actual de las personas mayores con dificultades o limitaciones funcionales que comprometen su autonomía e independencia.

Algunos Datos relevantes:

* El segmento de mayor crecimiento poblacional en el mundo corresponde al segmento de 60 años o más por tanto conforman una gran parte de nuestra sociedad.


* Los problemas de pobreza 40% en P.R tienen un impacto mayor en las personas de edad avanzada.


* La atención médica que se recibe no siempre es la más adecuada la misma está enfocada en atender síntomas; pero se pierde la perspectiva e importancia de la atención centrada en el adulto mayor desde un enfoque integrador; biospsicosocial y del entorno.


* Tienen mayor riesgo de experimentar maltratos, tanto psicológicos como financieros. Una vez comienzan con declives o deterioros funcionales.

¿Qué necesitamos para propiciar una inclusión real y efectiva a las personas mayores?


Una persona mayor no es incapaz por su edad. Es una persona que por diversas condiciones en general relacionadas a su estado de salud ve limitada su funcionalidad. Podría ser en un aspecto concreto y que, con adecuados recursos, podría incluso desenvolverse con normalidad.

Para concluir, todos somos parte esencial de nuestra sociedad y los adultos mayores deberán a través del continuo de vida la posibilidad y garantía de disfrutar de una vida plena y con sentido de bienestar. La responsabilidad del “estado” facilitar y contrarrestar la falta de equidad, el maltrato de las mismas agencias cuya misión ministerial es proteger.

Todos somos envejecientes. Nuestro personal y social reto es y será lograr una vejez activa, saludable con alto nivel de autonomía e independencia personal.

La autora es gerontóloga clínica, especialista en Salud Pública – geriatría. Administradora de Organizaciones de salud.

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