Sentir miedo en medio de la pandemia es válido

Milagros Rivera Watterson

Trabajadora Social

Para Prensa sin censura

Desde el huracán María hasta el presente, nuestro país ha estado enfrentando situaciones muy difíciles que han ido escalando en intensidad y minando seriamente la capacidad de muchas personas para enfrentarlas exitosamente.

La población de los adultos mayores ha sido una de las más afectadas. El COVID-19, dada la propaganda hecha de que ataca más a esa población, ha apretado el botón del pánico. A esto se le añade la recomendación largamente repetida de que no se visiten las salas de emergencia porque podrían constituir fuentes de contagio y en su lugar se consulten a sus médicos primarios. Esto ha causado que los adultos mayores vean al COVID-19 como un peligro inminente que podría conllevar la muerte.

El miedo a la muerte a medida que envejecemos tiene un potencial real de convertirse en un hecho. Tenemos que reconocer que la muerte es ineludible, que tarde o temprano llegará. Lo ideal es que lo aceptemos y nos preparemos para ella viéndola como el fin de la vida, como algo que llegará, pero no sabemos cómo ni cuándo. Mientras eso pase tenemos que aprender a vivir con conciencia total de que el día de hoy es lo que tenemos y aprovecharlo al máximo.

El hecho es que el miedo a padecer del COVID-19 se ha convertido en una realidad para este grupo poblacional. El miedo tiene efectos diferentes entre las personas, pero uno de los que tiene mayor consecuencia es la parálisis emocional que este produce. Me refiero a no querer ir a un médico o a una sala de emergencias por miedo a contagiarnos.

Esto ha causado que muchos adultos mayores que padecen de enfermedades crónicas como la alta presión y la diabetes no se están atendiendo a tono con su condición y se descompensan. El miedo es tal que se han dado situaciones donde una familia, ante la súbita enfermedad de su pariente, pide una ambulancia y cuando esta llega el adulto mayor no quiere ir a emergencia y muere en su hogar sin atención médica.

Debido a los múltiples situaciones que se están presentando, donde el adulto mayor o su familia no quieren llevarlo a emergencia por temor a que allí adquiera el COVID-19, hay médicos que han levantado su voz de alerta advirtiendo el peligro de esa creencia.

La verdad es que las salas de emergencia están casi vacías y que, además en estas se toman todas las medidas de higiene necesarias para proteger tanto a los pacientes como al personal que allí presta servicios.

Hacemos un llamado a que las personas se orienten, que creen conciencia de que para proteger a sus adultos mayores la mejor medida es llevarlos a ser atendidos de acuerdo a su condición, ya que personas con enfermedades crónicas corren gran riesgo de muerte si no reciben la atención médica que generalmente necesitan para mantener una vida saludable.

No atender las mismas los pone en tanto o más peligro como el COVID-19. Tener miedo a la muerte es normal, es válido, pero no podemos dejar que este nos paralice, por ti y por los tuyos.

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