Entre el Covid y los sismos ‘ya no hay nada más que perder’

Milagros Rivera Watterson

Para Prensa sin censura

El alcalde de Guanica Santos Seda ha hecho unas declaraciones acerca de cómo se siente su pueblo ante el más reciente sismo. Todos sabemos la gran destrucción que ha asolado a ese pueblo por el sinnúmero de sismos que le han venido afectando desde diciembre pasado, y que ha dejado a tantas familias sin hogar.

Ante el más reciente sismo comentó el alcalde: “¡ya no tenemos nada más que perder!” Esa frase tan descriptiva nos ha llegado al alma porque refleja la angustia, y a la misma vez la impotencia de ver y vivir la destrucción de su pueblo, y que no lleguen las ayudas necesarias para empezar una reconstrucción. A esa situación se une el peligro del COVID-19, con el riesgo de contagio y la pérdida de vidas.

Como muy bien declaró el alcalde, la gente se siente entre la espada y la pared. Si, esto es así porque se palpa ese terrible sentimiento de estar viviendo de crisis en crisis, sin poder obtener un respiro para recuperar sus esperanzas. Es como recibir golpe tras golpe y estar en el piso, y cuando intentas pararte vuelves a caer. Por más resilientes que sean las familias afectadas los golpes minan su resistencia y socavan sus esperanzas .

La ayuda a estos pueblos ha sido lenta y con la aparición del COVID-19 estas no se ven llegar. Ya las desgracias de ese y otros pueblos afectados por los sismos no ocupan las primeras planas porque la pandemia las ha desplazado en la jerarquía editorial.

Ante esta situación pedimos a las autoridades estatales y federales que no olviden a Guanica ni a los otros pueblos que sufrieron, y siguen sufriendo la secuela de estos sismos, no sólo por la pérdida de sus viviendas y sus pertenencias sino también por los efectos emocionales que estas tienen. Vivir bajo el temor de cuándo será el próximo sismo debe ser una experiencia horrible, pero enfrentar una cuarentena que ya va por más de cincuenta días afecta doblemente a estas familias. Por eso la frase del alcalde de que se siente entre “la espada y la pared ” es justamente la mejor descripción para una doble tragedia que es difícil de entender y de asimilar, pero los que la han estado experimentando la pueden describir mejor que nadie .

Por eso les pido a las autoridades federales y estatales que no se olviden de los pueblos, de la gente, de las familias que están entre la espada y la pared, y que se muevan. Los deseos de ayudar no se pueden quedar en meras palabras, en retórica y deben ser plasmados en realidades. Se necesita acción urgente, solo así podremos decir que estos pueblos están saliendo de una situación donde se encuentran entre la espada y la pared. Solo así descubriremos un nuevo horizonte.

(La autora es ex Presidenta del Colegio de Trabajadores Sociales de Puerto Rico.)

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