Puerto Rico: ¿país de yales?

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

Dicen que no tienen modales; que se acuestan con quien les de la gana; que son unas mal habladas y que duermen hasta el mediodía.

Esos son parte de los estereotipos hacia un sector de las jóvenes mujeres de Puerto Rico. Aquí se generaliza que somos un país de ‘yales’, vocablo que según la estudiante de sicología y estudiosa de la cultura ‘yal’ Mar Rivera Torres se utiliza para describir a una joven mujer, en su mayor parte, que rompe con los esquemas del civismo, la ética y la urbanidad.

“La definición es una mujer cafre, sin modales, sin educación ni aspiración a la superación porque tristemente carecen de ese sentido. Yale es una mujer que sólo se arregla cuándo va a fiestar pero nunca tiene aseado su hogar.. Yale es la mujer que le da 30 padrastros al año a sus hijos y los hacen llamarlos “Papi”. Es una mujer que falta al trabajo por haberse ido de jangueo. Y esto te lo digo si es que tiene un trabajo decente. YALE es una mujer que no conoce el amor propio pero es vanidosa e interesada. YALE es una mujer que siempre tiene que andar con su corillo en manada incapaz de ser feliz consigo misma y sobre todo ser independiente. Yale es una mujer que escucha perreo sucio de sexo delante de sus niñas y niños. Yale es una mujer que viste como prostituta a sus propias hijitas. A quién también de paso las deja cuidar a solas por su padrastro. Que te llamen yale es peor que el que te llamen de lo peor”, explica Rivera Torres, estudiosa de esta sociología, que describe como una subcultura.

Julio Voltio, hoy convertido al Evangelio, dijo en un reportaje publicado en 2014 por un diario local que la Yal “es una chica que le gusta el reguetón. Es como decir ‘esas yales’, del término ‘mujeres’, y eso viene de Jamaica. Una ‘yale’ es una chamaca. Si se dice que no es una ‘yale’, es una chica fina. Son las títeras, las que van a todas (ríe). No creo que den otra connotación y nunca he escuchado que digan ‘yal’ de ‘ya le di pa’ bajo’, ¡eso no es así! La ‘yale’ es una chamaca que le gusta el perreo”.

En el mismo artículo, uno de los integrantes del dúo de reguetoneros Jowell & Randy opinó que “es una palabra que tiene más de 25 años. La ‘yal’ viene de Jamaica y es en realidad la palabra como se ha dicho en varios países. Se le ha cambiado el concepto ‘gial’ por los boricuas jíbaros que la escribían a lo boricua, ‘yal’, para describir a la mujer en la jerga del género. Es la chica que le gusta el perreo y el reguetón. A los hombres les dicen ‘man’, como la parte masculina en el perreo. La ‘yal’ es la parte femenina del perreo; no tiene que ver que seas de caserío ni de dinero, ni fina, ni cafre. No me gusta el estereotipo en las palabras. No apoyamos que se use la palabra en forma despectiva hacia la mujer”.

La estudiante de sicología y estudiosa del tema, Mar Rivera Torres señaló a este medio alternativo que el vocablo ‘yale’ acuñado por la cultura urbana se origina de ‘girl’.

“Como ya sabemos aquí el puertorriqueño no tiene muchas veces una buena pronunciación del inglés y pasó a convertirse en “GIRLA” , y luego de ello pues entonces pasó a quedarse en su estado permanente de “YALE” , es una especie de metamórfosis”, sostuvo Rivera Torres.

Sin embargo, para la doctora y catedrática universitaria Milagros Rivera Watterson ‘yale’ es un término peyorativo de una fuerte carga patriarcal y macharrana.

“Se le aplica a la mujer. Refleja que nuestra sociedad sigue siendo machista, que hay doble vara y que hay conducta que las aceptamos como normales en un hombre y la juzgamos mal en una mujer. Para algunos menos jóvenes el término equivalente sería decir fulana es una cafre o es una vulgar. Refleja que todavía en Puerto Rico hay desigualdad y normas diferentes para el hombre y la mujer. Además, las críticas son más fuertes sobre esta, incluyendo las burlas”, sostuvo la doctora Rivera Watterson.

Para la licenciada Amárilis Pagán, directora del Proyecto MATRIA y defensora de los derechos de la mujer, el término “Yal” entraña una fuerte connotación clasista.

“El término Yal, o Yales, tiene no solamente connotaciones machistas sino racistas y clasistas. Aunque haya quien diga que no se refiere a mujeres que viven en pobreza o a mujeres negras, muchas veces vemos el uso de la palabra relacionado con mujeres de ese perfil. Es una manera de reafirmar la imagen de las mujeres que le conviene al patriarcado o al capital: Para que no nos digan yales tenemos que ser “buenas madres” y amas de casa, andar bonitas según el mainstream blanco y clase media lo dicta, ser sumisas (jamás malcriadas), ser monógamas (aunque a los hombres no se les juzga por su vida sexual) y ser responsables hasta de la violencia ajena”, señaló.

La palabra, a su entender, es poderosa. Lo mismo construye como destruye. “Una etiqueta así marca a miles de mujeres y las sentencia a una categoría social inferior. Aún más baja de la que ya tenemos como mujeres”.

Urgen, recomienda la líder feminista y directora de MATRIA, foros para reflexionar sobre el asunto y mucha autocrítica para comprender cómo los prejuicios macharranes nos distancian de nosotros mismos, dejó entrever.

“Una visión del tema que reconozca las intersecciones de las opresiones hablaría en otros términos de las mujeres que son señaladas como “yales”. Hablaría de la necesidad de garantizar educación, planificación familiar, acceso a trabajo y cuido de niños y niñas. Hablaría también del rol del Estado creando güettos y segregando clases. Propondría empoderamiento y acceso a oportunidades de desarrollo humano. Hablar de “yales” va más allá del mundo musical o de chistes y memes. Tiene consecuencias”, sostuvo.

En el reportaje investigativo “Todas somos yales”, publicado en WordPress, se plantea que “el concepto “Yal” es un “sobrenombre” que se le otorgo a un grupo de mujeres en específico por tener una conducta, apariencia o mentalidad considerada inferior por los demás. Estos señalamientos son desbalanceados si lo comparamos con los señalamientos que les hacen a los hombres, que si bien lo pensamos, son casi inexistentes. Aquí es que entra, de algún modo, el tema del machismo en la sociedad puertorriqueña, donde la mujer es notablemente más criticada que el hombre, aunque ambos posean el mismo estilo de vida. La mujer parece ser más vulnerable a las críticas de parte de la sociedad, una norma que, lamentablemente, se ha vuelto aceptable para los puertorriqueños”.

La obstinación macharrana y la propia cultura reguetonera, que en sus inicios explotó sexualmente la imagen de la mujer con raperos muy conocidos hoy que aún aparecen en videos tocándose los genitales como signo de una falsa superioridad, han abonado a los estigmas hacia la joven mujer que quiere ser diferente.

La investigación para el artículo a fondo “Todas somos yales” revela que el término es otro de tantos estereotipos hacia la mujer en la cultura y sociología machistas que imperan en Puerto Rico.

“Nuestro primer hallazgo fue que de 59 de los 100 participantes [entrevistados] consideran que este concepto tiene una connotación negativa sobre la mujer. De este 59% la mayoría fueron féminas. Las palabras y frases más comunes entre los encuestados para describir el concepto fueron: cafre, cuponera, prostituta, mantenida, sin educación, ridícula e indecente. Aunque la mayoría de nuestros encuestados dijeron no relacionar el concepto “yal” con un área o región de Puerto Rico en específico, los que sí hicieron esta conexión mencionaron “Área Metro” como región mayormente relacionada con el término yal”.

Foto tomada de Facebook, del post Crónicas de una Yal.

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