‘Solo importa sobrevivir’, afirma residente de Peñuelas

Por Jocellyn Rodríguez Alvarado

Para Prensa sin censura

Eran las 3:30 a.m. y mi hija me despertó.

A esa hora se iba a trabajar, me pidió que la acompañara hasta su vehículo, pero esta vez su voz sonó diferente.

Era una voz asustada, triste y, en cierta forma, de dolor. Me levanté, le di un beso, le eché la bendición y le dije que si volvía a temblar recordara todo el protocolo. Ella trabaja en un lugar de comida rápida, el lugar es de dos pisos y cerca del mar. Mi temor se hizo realidad: ocurrió…

Volvió a temblar, esta vez fue peor. El rugido fue más fuerte, con cierta furia, y más tiempo. Con el rugir, se fue la luz. Mi pensamiento estaba con mis hijos, uno en San Juan, la otra en Ponce. No tardó mucho tiempo en que sonó mi celular: era ella llorando y gritando que no sabía dónde meterse porque el lugar no era seguro. ¡Imaginen mi estado y nivel de desesperación!

Con mi voz ahogada en llanto le dije que buscara el lugar más seguro posible, que todo estaría bien.

Escuché gente gritar; los vecinos salieron; unos a la calle, otros a los balcones. Vi otros salir despavoridos en sus autos a echar gasolina. Pude comunicarme con mis hijos: ambos están seguros, pero lejos de mí, y eso me angustia.

No ha parado de temblar. Aquí en el área suroeste de Puerto Rico ha sido una experiencia insuperable. Tiembla, ruge, vuelve a temblar. Tengo una sensación de mareo, que no se me quita. No hemos tenido ni un momento de sosiego, es algo inexplicable.

Busco noticias; entro a las redes sociales para tener una idea más clara de cómo la están pasando otros y veo que están igual o peor que yo.

Los daños a estructuras antiguas han sido incalculables, sin tomar en consideración el valor cultural y sentimental que cada una encierra.

Solo se ven y escuchan tristes noticias por todos lados y gente implorando misericordia a Dios Todopoderoso. Ese es el panorama que mejor describe este momento.

Una vez más trato de enfocar mi mente en otras cosas, pero la situación no me ayuda. El protocolo pasó a otro plano. Solo importa sobrevivir y traer conmigo a mis seres queridos. No sé cuando terminará esta situación. Espero que no haya mayores pérdidas. De lo que sí estoy segura es que quien no haya vivido algo así no puede decir lo mal que estamos. Estamos viviendo momentos únicos en los que solo la fe nos sostiene.

Espero que todo pase y este triste recuerdo se guarde en el rincón más recóndito de mi mente.

Solo Dios sabrá…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s