Relato de una residente de Peñuelas sobre el terremoto

Josellyn Rodríguez Alvarado

Para Prensa sin censura

Sigo asustada, no me atrevo ni a sentarme tranquila. Necesito estar en movimiento todo el tiempo para distraer la atención de lo que han sido estos días “intensos” por los movimientos telúricos que han sacudido a mi Isla, pero particularmente el área suroeste donde resido.

Los he sentido todos, en diferentes lugares de mi casa. Uno lo sentí en el cuarto luego de ver cómo la cama se “jamaqueaba” y mi perro corría despavorido, asustado por la situación.

Otro lo sentí en la sala, me acababa de acomodar en el sofá, observaba a mi perro que estaba durmiendo su siestecita tranquilamente en su almohada y de pronto la mesa de cristal comenzó a moverse, los objetos sobre ella, también comenzaron a moverse provocando una vibración horrible. Ni les cuento cómo reaccionó mi perro. Se veía inquieto, ansioso y no dejó de seguirme.

El otro que sentí fuerte fue el que ocurrió en la noche. No recuerdo la hora porque han sido varios y muy intensos que hasta la cuenta he perdido. Ese fue muy curioso: antes de sentir el movimiento de la cama escuché como un “rugir” muy profundo en la tierra; como un preludio a lo que sentiría segundos después.

¿Cómo fue esa experiencia? Sin duda alguna, fue peor que las anteriores. No pude dormir en toda la noche; traté de bloquear todos esos pensamientos negativos, pero no lo logré. Fue algo así como un gran examen de conciencia.

De más está decir que al día siguiente hice los preparativos correspondientes, aunque la realidad es que nunca estamos preparados.

¡Y llegó el esperado Día de Reyes! Ese día que esperamos ansiosos grandes y pequeños.

Luego de pasar una víspera llena de emoción; luego de ver los Tres Reyes de Juana Díaz que estaban de visita en la parroquia de mi pueblo Peñuelas, me retiré a descansar.

¿Cuál fue mi sorpresa? ¡Me desperté con ese mismo “rugir” de la tierra! Escuché a los vecinos gritar; mi perro nervioso ladrando; todo oscuro pues se fue la luz; todo esto mientas mi cama se movía como nunca antes.

Afiné mi oído y pude escuchar los animales manifestando su temor. Verifiqué los alrededores: mi casa no sufrió daños, por lo menos visibles. Sin embargo, los daños emocionales no se pueden superar.

Han sido experiencias difíciles de describir. No solo siento miedo e impotencia, siento cómo la Naturaleza hace su reclamo ante la injusticia del ser humano que cada día daña más su ambiente, el cual ha puesto a su disposición para su desarrollo y deleite.

Solo me queda una cosa: que solo sea un pequeño aviso para que estemos alerta y preparados ante algo más fuerte.

¡Estar preparados es obligación de todos!

Dios nos proteja…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s