México en Puerto Rico: ¿de la tequila al narcotráfico?

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

La herencia de México en Puerto Rico trasciende los tacos y la tequila, la ranchera y la devoción a la Morenita y llega al narcotráfico.

Los procesos de transculturación de poco más de cinco siglos a que ha sido sometido Puerto Rico, conjugados a la herencia de su mestizaje cultural, han enriquecido sectores de la sociedad en ocasiones para bien, más que para mal.

España dejó imborrables huellas arquitectónicas y culturales, evidentes en las edificaciones de la época colonial, en la lengua y en expresiones, por ejemplo, como la décima campesina consonante, en la tradición del español Vicente Martínez Espinel.

Asimismo, México ha marcado profundamente a Puerto Rico y se debe reconocer su contribución a la religión con la tradición de la veneración a la Morenita Guadalupana, a la literatura y la gastronomía, una de las expresiones más efervescentes, pues usted sale de paseo y en cada ayuntamiento encuentra uno u dos restaurantes de comida azteca, sin pensar en la franquicia atosigada por los intereses norteamericanos.

La era del cine mexicano marcó a una generación que no se perdía las películas protagonizadas por Sara García, Miguel Aceves Mejías, Pedro Infante, Julio Alemán, Mario Moreno ‘Cantinflas’ y otros.

Con el séptimo arte, se debe reconocer la incursión de la ranchera que impactó a artistas como José Miguel Class ‘El Gallo’ y que, de otro lado, representa un buen mercado, resultado de la transculturación azteca, a la moda de los mariachis que amenizan bodas y quinceañeros por doquier.

Publicado en 2013 por el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, México ocupa el tercer lugar, después de España y Colombia, con un 9.8% en los inmigrantes de otras naciones que adoptan nuestra Patria como su nueva casa.

Sé de mexicanos casados con puertorriqueñas y viceversa que han echado raíces aquí, aportando con sus familias mexiboricuas a la diversidad, como sucede en el arte musical por ejemplo con Tepeu o Enrique Cárdenas.

Asimismo huelga mencionar los nombres de mexicanos que desde el ejercicio del periodismo han despreciado nuestra cultura autóctona, pero el tiempo y el vaivén mediático les pasaron facturas, sobreviviendo hoy en el campo profesional en posiciones por ejemplo en la UPR que, sin pecar de xenófobos, le corresponderían a boricuas mucho mejor preparados.

Pero ese no es el punto. El motivo de esta columna no es solo reconocer la gesta de José José, Resortes, María Félix, Consuelo Velázquez u Octavio Paz, sino enfocar en un asunto más relevante: el cáncer del narcotráfico y su impacto, indirecto, en Puerto Rico.

Se sabe que la colonia es un narco estado; que mucha de la droga que entra aquí, aparte de envenenar y convertir en zombies a sectores pobres de la juventud boricua, es enviada a Estados Unidos; se sabe que pululan los puntos de drogas; que se multiplican los hospitalillos; que se lava muchísimo dinero del trasiego.

Se sabe que el narcotráfico encabeza las economías subterráneas y que por cada cargamento incautado en las costas sabrá Dios cuántos entran y son distribuidos.

Pero la prensa no investiga porque los tentáculos del narcotráfico acarician sectores insospechados de nuestra sociedad, incluidos medios poderosos, que, en este blog independiente y prácticamente sin mayores recursos que la conciencia, no es menester detallar.

El documental fílmico #Ayotzinapaenmí, la historia del cineasta puertorriqueño Tito Román sobre los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en México el 26 de septiembre de 2014, es una contribución inconmensurable a la comprensión del efecto colateral de la guerra de los carteles.

Periodista Javier Valdez Cárdenas.

Estuvieron en el autobús incorrecto a la hora incorrecta y se presume que los hampones del narcotráfico los torturaron, asesinaron y calcinaron con la anuencia y en contubernio con la policía y milicia azteca, y con la bendición del gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto. [Se lo recomiendo si no lo han visto]

México, seguido de Colombia, es el segundo país con la estadística más alta de periodistas asesinados por los sicarios del narcotráfico. Uno de los asesinatos más notorios fue el del laureado cronista de reconocimiento internacional Javier Valdez Cárdenas, acribillado de rodillas y a balazos a plena luz del día en 2017, semanas después de publicar su último libro “Narco Periodismo: La Prensa en medio del crimen y la denuncia”.

En su libro incluye una reveladora entrevista con Rossana Reguillo, académica respetable que habló sin ambages de la complicidad de no pocas poderosas corporaciones mediáticas con el narcotráfico.

“Las grandes cadenas de medios informativos a nivel nacional han abandonado poco a poco la cobertura de esta guerra [la guerra contra el narcotráfico] porque vivimos un estado de guerra. Eso genera en la gente la falsa creencia de que lo que sucede en Juárez, en Tamaulipas o en Guadalajara no corresponde a un contexto nacional o son hechos aislados que no nos conciernen”, dijo Reguillo en la entrevista con Javier Valdez Cárdenas, documentada en su libro “Narco Periodismo”.

Desde el 2000 alrededor de 150 periodistas han sido asesinados en México por el narcotráfico. Supimos que Valdez Cárdenas investigaba sobre la trascendencia del cartel del Chapo Guzmán a Estados Unidos y sus territorios, por supuesto Puerto Rico, trampolín geopolítico muy útil para los narcotraficantes tanto mexicanos como colombianos.

Pero en los medios periodísticos de Puerto Rico falta gallardía. A veces, se presume que incluso en algunas de las oficinas de prensa de las comandancias policiacas, se manipula estadísticas y se protegen intereses particulares.

¿Por qué no se investigan los vínculos de un senador, cuya oficina en el Capitolio fue objeto de disparos, con un conocido narcotraficante que era productor de reguetón y que luego de visitar cárceles como asesor de ‘honorables’ senadores fue asesinado?

¿Por qué no se investigan a fondo las razones del ataque a tiros a la fachada del Coliseo José Miguel Agrelot durante los conciertos de Daddy Yankee y posteriormente al estudio-oficina de su productor?

¿Por qué no se le dio seguimiento a las citaciones de Fiscalía Federal a conocidos reguetoneros? ¿Cuál fue el vínculo real de Coquito, Junior Cápsula y Ángelo Millones con artistas de la música urbana? ¿Por qué la prensa corporativa no le ha dado foro a los autores de libros publicados sobre el narcotráfico y la música urbana, incluso por autores puertorriqueños? ¿Qué pasó con el caso de Kevin Fret? ¿Por qué, aunque son desconocidos y sin talento, de la noche a la mañana algunos ‘cantantes’ se convierten en celebridades que invierten mile$$ en regalos que distribuyen a manos llenas?

Como vemos, México no solo ha aportado literatura, música, gastronomía y religión a Puerto Rico, sino periodismo de altura y muy valiente en la cobertura del trasiego de drogas que destruye países enteros, sumiéndoles en pobreza humana, moral y material a expensas del enriquecimiento de unos pocos.

Aquí, a los periodistas que se aventuren a investigar, también los asesinarían.

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