En Foco: A los galleros les faltaron ‘cojones’ y ahora se anticipa masiva matanza de gallos en Puerto Rico

EEUU le pasa el rolo a los galleros mientras la gobernadora Wanda Vázquez Garced politiquea con la disposición federal olvidando que la falta de soberanía no permite que su orden ejecutiva y la ley firmada hoy prevalezcan sobre el estatuto estadounidense.

Jaime Torres Torres

Para Prensa sin censura

Anote la fecha de este próximo viernes 20 de diciembre de 2019: a la medianoche entrará en vigor la ley federal que prohíbe las peleas de gallos en Puerto Rico.

Algo insólito, cuya lógica, si alguna, estriba en la condición de esclavitud colonial de Puerto Rico y en su falta de poderes políticos para decidir lo que hace en su casa.

La decisión la tomó el Tío Sam, durante la administración republicana de Donald Trump. Y aunque se sabe que Fiscalía Federal no tiene los recursos para hacer cumplir el estatuto, porque sí es lógico que no podrán llegar a los lugares remotos donde se siga practicando el Deporte de los Caballeros, la ley federal a corto plazo podría suscitar la persecución de galleros en el clandestinaje, la matanza masiva de aves, la quiebra de empresas agrícolas y el enfrentamiento de puertorriqueños con puertorriqueños porque habrá quienes por unos pocos dólares se presten como confidentes o chotas para hacerle el juego sucio a Fiscalía Federal.

Posiblemente Andrés Jiménez ‘El Jíbaro’ deje de cantarle y componerle canciones a los gallos. De seguro se colocarán candados en los clubes gallísticos frecuentados incluso por turistas. Quizá los puntos que operan en algunos se tengan que mover ‘con su música a otro lado’. Quizás serán demasiados los quizás…

Pero, aparte de la falta de poderes soberanos en la Colonia Portorricensis, la prohibición de las peleas de gallos también revela lo polarizada que está la comunidad gallística del País, políticamente hablando.

Hay galleros muy conocidos que son estadistas y le besan el trasero al Tío Sam. Son los que depositaron toda su confianza en la comisionada residente Jenniffer González y en sus promesas huecas.

Hay otros que son melones: que aspiran a lo mejor de dos mundos, entiéndase los supuestos privilegios de la ciudadanía gringa.

Hay otros que sólo los mueve la conveniencia financiera y el afán de lucro. Casi todos moralmente ya tiraron la toalla. Les faltó babilla; les faltó carácter, aplomo, cojones y determinación para llegar a un consenso y paralizar, por ejemplo, la Milla de Oro, las inmediaciones de la Avenida Chardón o el Expreso Las Américas con actos de desobediencia civil pacíficos sin otras consignas que las cantadas por los centenares de gallos que pudieron llevar.

Les faltó darle a los políticos por donde más les duele: amenazarlos con el voto. Les faltó boicotear a los medios corporativos como GFR Media que promueven la prohibición. Y se olvidaron de hacer extensiva su lucha a la diáspora boricua en Estados Unidos que sí decide resultados electorales en la Florida y otros estados.

Hoy les pasan el rolo por su ambivalencia política. Porque al final del día se trata de un asunto político: de sumisión colonial, de inferioridad política. Nunca entendieron que como a sus casas nadie llega a impartir órdenes, en asuntos como la idiosincrasia y el acervo cultural que laten fuerte en la tradición del deporte de los caballeros nadie decide por los puertorriqueños.

Se anticipa una matanza sin precedentes de gallos de pelea. ¿Qué dirá Human Society, uno de los poderosos lobbies que cabildearon por la ley federal firmada por Trump?

Se avecinan allanamientos por aquí y por allá. Incautaciones por doquier. Persecuciones a mansalva. Como en la época en que la policía perseguía a los productores del pitorro y destruía alambiques.

Para récord: hace poco Don Juan Ramón Rivera Rivera, mejor conocido como Abuelo Pepito, vicepresidente de la Asociación Deportiva y Cultural del Gallo Fino de Pelea, dijo a este medio independiente que aunque eventualmente los criminalicen y encarcelen continuarán con la práctica del deporte nacional.

“Por ser un país de ley y orden vamos a acatar la decisión, pero eso no quiere decir que vamos a dejar de jugar gallos. Es bien probable que muchas galleras, por no decir todas, acaten la decisión, pero también puedo decir que el día 21 de diciembre habrá galleras que abran y se tiren a jugar gallos legalmente. Aunque nos van a catalogar como criminales, porque esa es la cosa que me pone mal porque es algo que hemos hecho continuamente por años y años, de un día para otro ya somos criminales”, dijo.

La ley entrará en vigor el 21 de diciembre. Ese día las peleas de gallos serán proscritas en los 50 estados de Estados Unidos y en sus territorios, incluido Puerto Rico.

“Aquí se perdió una batalla, pero no la guerra. Vamos a seguir batallando y sé que cuando este caso se vea profundamente, con más detenimiento, artículo por artículo, la decisión puede ser revertida. Estoy casi seguro de eso. Es algo que se decidió sin argumentar los elementos como debe ser. Esa es la parte que me da un poco de esperanza”.

Abuelo Pepito sostuvo que la reciente decisión del juez Gustavo Gelpí es un atropello a los galleros y a la cultura del gallo fino de pelea.

“Ha sido una pena. Es un atropello demasiado grande. Teníamos nuestras esperanzas cifradas en nuestro juez boricua por varias razones: por entender y conocer el impacto que va a tener en nuestro querido pueblo. Si no podemos detenerla, definitivamente es algo que vislumbro que va a tener un impacto bien negativo en nuestra sociedad. Mucha gente va a tener que abandonar la isla, emigrar a otros países, pudiendo quedarse aquí. Lo harán pensando en el bienestar de los suyos. Otros menos afortunados van a tener que quedarse aquí sin poder hacer nada más porque muchos de los galleros no tienen otros medios de ganarse el sustento que no sea cuidando y castando gallos con dignidad. Eso a mí me conmueve. La razón por la cual estoy en la lucha tratando de detener eso es por estas personas”, indicó Abuelo Pepito en una reciente entrevista.

Los entendidos saben que las gestiones en el Circuito Apelativo en Boston no llegarán a primera base. Serán estériles. El argumento que los galleros pudieron esgrimir con vehemencia es que la prohibición supone una violación a la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos que hace extensivo a los territorios los derechos a la libre expresión (de la cultura de las peleas de gallo) y asociación (a reunirse en coliseos a jugar).

Es un argumento de peso que sorprendió que no haya considerado el juez puertorriqueño Gustavo Gelpí, persona ducha en asuntos jurídico-constitucionales.

Si de algo sí estamos seguros es que el Tío Sam no erradicará las peleas de gallos como no ha erradicado la bolita ni el pitorro.

Guste o no a algunos, los gallos manilos y los de clase que queden por ahí seguirán cantando la esperanza de una Patria soberana en cada amanecer; anunciando desastres naturales con su silencio y recordando a media tarde con sus cantares que las luchas se libran despiertos y unidos en un solo propósito: reafirmar la puertorriqueñidad combatiendo con las espuelas de la dignidad los caprichos del invasor.

Tienen menos de 36 horas para darse a respetar.

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