Joker: un boleto a la inevitable reflexión social

Vilma Calderón

Para Prensa sin censura

Joker es una película simplemente, ¡extraordinaria!

Es un gran trabajo cinematográfico desde el punto de vista de la actuación, la música, la fotografía y la dirección pero sobre todo, es la provocación e interpelación a la inevitable y profunda reflexión social. A cada persona le impactará de forma distinta, pero todos de un modo o de otro quedaremos atrapados en el personaje de Arthur, un payaso o guasón, que llevaremos apretado en el corazón al salir del cine.

Cada  uno quedará sin posibilidades de escapar del análisis social al que hemos sido invitados con la compra del boleto. En mi caso, y con los distintos sombreros que me acompañan como profesional de la salud, estudiosa de la conducta a través del “Neurocoaching”, vinculada a la política como candidata al Senado en las elecciones del 2012 y activista social en contra de las semillas modificadas genéticamente, el insecticida Naled y pesticidas como el glifosato; he aceptado esa cruda y directa invitación de adentrarme en los planteamientos que aborda este filme.

 

La película se desarrolla en la ciudad gótica asfixiada por la desigualdad y el caos social ejemplificando muy bien las muchas ciudades “góticas “ que a lo largo de las décadas como sociedades hemos ido construyendo y que en la actualidad las vemos en Puerto Rico, Estados Unidos y en muchos otros países tanto en nuestra América Latina como en los otros continentes.

El personaje de Arthur Fleck es protagonizado por el puertorriqueño Joaquín Phoenix en una magistral e impecable actuación. Aquí vemos cómo el actor magnifica su personaje con su voz, su mirada, su rostro y su perturbadora risa. Sin embargo, para caracterizar a Arthur, el actor dramatiza también con su espalda, su delgado cuerpo, sus movimientos y el baile del guasón con el que cada movimiento produce una danza de dicotomías entre lo racional y la locura; la belleza y lo grotesco; la rabia y la bondad; el sufrimiento y la liberación. Es un personaje que se mete en la mente y en el corazón de cada espectador mostrándole como en momentos podemos dejar aflorar tiernos actos de nobleza pero también empujados por la misma sociedad podemos mostrar la peor cara en donde no hay máscaras que las puedan cubrir. De esta forma, vemos cómo Arthur de víctima pasa a ser victimario pero también de villano pasa a ser un héroe que inspira a la gente que con una “satisfactoria cordura” o “ligera locura” en la que la mayoría vive atrapada, deciden luchar en contra de los males sociales.

 

Entre los muchos temas que aborda este filme y que muy bien se pueden convertir en estimulantes y educativas tertulias está el abuso sexual a menores y el maltrato infantil realizado por una madre posiblemente víctima también del maltrato y que sufre de adicciones y problemas psicológicos quedando en evidencia la continuidad del ciclo generacional de este mal cuando no se ofrecen las ayudas para salir de las garras de este devastador problema social.

La película también plantea el detrimental “bullying “ que muchos viven y los esfuerzos por lidiar con el mismo. Igualmente, la película trae la atención de asuntos como: la explotación laboral, la desigualdad social, la falta de servicios de salud mental junto al poco compromiso de muchos de estos profesionales (que en ocasiones también son ellos víctimas del sistema), el uso y el abuso de fármacos para el tratamiento de las enfermedades mentales junto a la paradoja de la falta de acceso en otros momentos, los medios de comunicación, los programas de “entretenimiento”, el abuso del poder de los ricos y personas de influencia y la falta de compromiso y visión de los políticos que con su demagogia construyen una sociedad enferma que en unos momentos de lucidez y cordura se rebela en un reclamo de justicia.

 

Si tuviéramos que resumir en una oración la película Joker, diríamos que trata de un payaso de profesión, imposibilitado de sonreír que vive atrapado en múltiples experiencias de profundo dolor que han tatuado la tristeza en cada poro de su cuerpo y que trata de sobrevivir entre la cordura y locura rodeado de una humanidad ausente de empatía, mutilada en sus estructuras y órganos más vitales políticos, económicos y sociales que lleva a enfermar a su propia gente y que termina de matar el cuerpo, la mente y los sueños de la mayoría, principalmente de los más frágiles y vulnerables.

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