Joker: el retrato perfecto de una sociedad enferma

La película dirigida por Todd Phillips, quien también escribió su guión de la mano de Scott Silver, no es una película más de superhéroes y villanos. Se trata de un filme que sumerge al espectador en el infravalorado territorio de la salud mental, con un sentido profundamente social. 

Por Laura Ilarraza |

Twitter: @IlarrazaLaura

Prensa sin censura

Joker narra los orígenes de uno de los personajes más entrañables de Batman: ese villano que solo sabe reír. De manera magistral, muestra el lado más humano de una persona “with a condition”: con un desorden de personalidad que lo lleva a expresar sus emociones a través de una risa incontenible. 

Pero no solo es eso. No es únicamente una historia que refleja a todos los individuos “de abajo”, a ese entramado de seres humanos que logra insertarse a medias en el sistema y medio salir adelante. Comiendo a medias, viviendo a medias. Es también una historia de rebelión y hartazgo social, de desprotegidos pidiendo justicia; de desigualdad, de tener muy poco a costa de que unos cuantos millonarios gobiernen, manden, decidan. 

En medio de una sociedad enferma, discriminatoria e insensible, que golpea y violenta literal y metafóricamente, emerge un “héroe” disfrazado de villano. Con una maldad que no es más que una lucha interna contra la injusticia y que se convierte en su paulatina liberación.

Es el retrato de un “olvidado” que transita de la desprotección a la furia, convirtiendo violencia en violencia, sin que esta deba tomarse como una apología, sino como la urgencia de voltear a ver qué estamos haciendo mal como sociedad. 

Joker retrata una simbiosis entre lo individual y lo social de ese “basta” a la opresión. Es una convergencia entre la discriminación y la incomprensión de la salud mental; entre los desórdenes de personalidad y el hartazgo ante un sistema que mantiene a millones vulnerables a costa del ciego privilegio de unos cuantos. 

Alberto Moreiras, filósofo español, afirma que “se trata de una película directamente sobre la producción de hegemonía, no tanto en el sentido de Ernesto Laclau sino en lo que yo considero la variante de Jorge Alemán: busca una salida (violenta, no es el caso de Jorge, pero este es uno de los disfraces) al discurso capitalista y sus consecuencias en la vida cotidiana, y esa salida se presenta como emancipatoria radical y colectivamente, a través de una catexis general con el significante vacío, el Joker, literalmente, el comodín, el lugar de la soledad común, subsiguiente a la identificación del enemigo”.

Así, Arthur Fleck, ese payaso con piel de ser humano que vive pegado a un cigarrillo y subsiste al maltrato, a la pobreza, a la falta de oportunidades, al abandono, ha logrado admirar a millones de personas al ser interpretado magistralmente por Joaquin Phoenix. Pero también hace pensar en el entorno inmediato, en la realidad. 

En México existen únicamente 33 hospitales psiquiátricos, y de acuerdo con el Informe de Salud Mental en México publicado en 2011, la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica señala que son pocas las personas que reciben atención a la salud mental: “solo una de cada cinco personas con algún trastorno afectivo recibieron atención y solo una de cada diez con algún trastorno de ansiedad lo obtuvieron”.

Asimismo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, dos de cada diez niños en el mundo tienen algún trastorno o problema mental y, según cifras del Inegi, 33.38 millones de mexicanos mayores de siete años han presentado estados de depresión.

Aunado a ello, el doctor Juan Ramón de la Fuente sintetiza de manera extraordinaria la reflexión que Joker regala y que no se debe olvidar:

“El malestar ciudadano viene de la inconformidad, del hartazgo de la gente en respuesta a la injusticia derivada de un modelo de desarrollo global que, sin dejar de tener algunas ventajas, al menos potenciales, ha abierto más la brecha entre los que tienen y los que no, entre aquellas pocas vidas que los gobiernos han decidido proteger en relación a aquellas que han decidido abandonar”.

La película de Phillips, Silver y Phoenix no es una película más de súperhéroes y villanos. Es necesario entenderla desde sus múltiples aristas; para comprender y apreciar a ese personaje, a ese humano con cara y sonrisa de payaso, desde la propia realidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s