Opinión: El PIP, las Asambleas de Pueblo y la cita de Puerto Rico con la Verdad

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

Moralmente, el Partido Popular Democrático no tiene la fuerza para dirigirse al País porque es parte preponderante de la crisis de gobernanza de las pasadas seis décadas.

El Partido Nuevo Progresista, por su parte, tiene la credibilidad más abajo del fango y en el presente sal pa fuera y lucha de poder en su alta cúpula posiblemente no llegue con vida al proceso electoral de 2020.

La Victoria Ciudadana, a la que le dimos nuestro endoso, pisa y no arranca. También sobrelleva una lucha ideológica en su interior, respecto a las alternativas de descolonización de impulsar una asamblea constitucional de estatus.

Tampoco parece haber consenso en quien debe aspirar a la gobernación: si la experimentada Marcia Rivera o la juvenil Alexandra Lúgaro, cuya inmadurez es más que evidente.

Queda el Partido Independentista Puertorriqueño que esta semana despertó simpatías, según se observa en las redes, en no pocos sectores de la opinión pública por la propuesta de una Nueva Constitución promovida mediante proyectos radicados en Cámara y Senado por los legisladores Dennis Márquez y Juan Dalmau, respectivamente.

A grandes rasgos, la propuesta de una Nueva Constitución, que puede leer en la página nuevaconstitucion.independencia.net, lo que persigue es devolverle los poderes al Pueblo, que el pasado lunes 22 de julio, en el Paro del Siglo, demostró que es soberano y poderoso, tanto así que el Mundo fue testigo de su arrojo y determinación en la renuncia del primer gobernador en la historia de Puerto Rico: el mal recordado Ricardo Rosselló.

El PIP propone una Nueva Constitución que salve la UPR, que proteja el patrimonio nacional, que audite la deuda, que fiscalice a las corporaciones privadas y a la banca, que fomente la creación de empleos para nuestros jóvenes y garantice los servicios básicos de salud, educación y vivienda, entre otros.

No es que sea pesimista y mucho menos un profeta de mal augurio, pero como otros proyectos sometidos en el pasado por el fenecido David Noriega, la propia María de Lourdes Santiago y el actual senador Juan Dalmau, podrían ser engavetados por la mayoría del maltrecho y moribundo PNP.

Sin embargo, aunque suceda, la iniciativa confirma oportunamente el compromiso de la colectividad con la descolonización del territorio y eso se debe aplaudir.

Aún más, si recordamos que eso no ocurre en un vacío. Ante el silencio del PPD y la ambivalencia de la Victoria, el PIP reafirma su compromiso con la libertad de Puerto Rico, incluso invitando a los independentistas no afiliados a la colectividad, a los que integran el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH), a los asociados al Movimiento Unión Soberanista (MUS), al Partido del Pueblo Trabajador (PPT) y a los melones errantes que, en su hipocresía, insisten en vivir de lo mejor de dos mundos.

La propuesta del PIP, en una bondad de la historia, coincide con las Asambleas de Pueblo que se celebran alrededor del Archipiélago. No las convoca colectividad alguna. Surgen de la base del pueblo: de las comunidades; de la gente de a pie; de las mujeres y hombres; jóvenes y ancianos que rehúsan abandonar a Puerto Rico para que los especuladores del dinero virtual y los grandes intereses neoliberales se repartan lo poco que queda.

En estas asambleas se escucha a la gente; se reflexiona por ejemplo sobre estrategias para paliar la corrupción, como sucedió anoche en la Placita Roosevelt en Hato Rey, y se intercambian impresiones sobre cómo salvar a Puerto Rico.

Se espera que después que se celebren en los 78 ayuntamientos, los comités y sus portavoces suscriben un documento representativo de los mejores intereses del País que propicie una Asamblea Constituyente, concebida y encaminada desde la base del Pueblo Soberano.

La historia convoca a Puerto Rico a liberarse del yugo imperial y reconstruir su cimiento, unidos, como se demostró el lunes 22 de julio.

No hay otro camino. Es el destino. La cita con la Verdad porque aunque hay colonias que duran más de cien años, ninguna es eterna.

Un comentario en “Opinión: El PIP, las Asambleas de Pueblo y la cita de Puerto Rico con la Verdad”

  1. Todas las Asambleas de Pueblo no son iguales ni pertenecen a un esfuerzo centralizado y no conozco de ninguna que quiera la dirección político de ninguna organización existente.Tampoco creo que acepten pertenecer a un esfuerzo unitario dentro de partidos o movimientos existentes.Creo que reclamarán su espacio y su identidad diferenciada.Detestan la élite y el dirigido político.

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