Una diana sublime por Borinquen

Jaime Torres Torres

Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Un amanecer dominical fue suficiente para confirmar una vez más que la cultura es una poderosa artillería de resistencia en la hora suprema de la reconstrucción de Borinquen.

La Patria exige nuevos métodos y estrategias; creatividad e ingenio; compromiso, voluntad y pasión. Fuerzas aglutinantes evidentes en la mañana de ayer, junto cuando, cuan metáfora esperanzadora, el sol calentó e iluminó a Puerto Rico.

En la esquina de la Calle Fortaleza y la del Cristo, escenario histórico de la actual expresión épica de un pueblo en marcha hacia su emancipación, el Cantor de la Patria, Danny Rivera llegó a la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular para arrullar con una diana a la Nación y sus hijos.

Pocos despiertan temprano un domingo por lo sacrificado que resulta tras una semana de trabajo. Pero numerosas personas lo hicieron por una causa común: la celebración de un paso contundente por el rescate del País, confirmado en la renuncia del primer gobernador en la historia de Puerto Rico.

Y Danny Rivera, acompañado por varios de sus músicos y sin olvidar el cuatro puertorriqueño, símbolo del acervo de la Patria, regresó gozoso al balcón de la Fundación en que suele ofrendar su arte durante el Atardecer Navideño que regala cada diciembre.

Fue un gesto de desprendimiento, generosidad y patriotismo elocuente, sincero, honesto y de alta moral.

Danny siempre le ha cantado a la Nación. Por casi seis décadas ha sido el zorzal que entona sus querencias y lamenta sus dolencias, salvo que esta mañana vocalizó su Canción Libre con alegría y regocijo, celebrando el despertar de un Pueblo que está de pie.

El mismo Pueblo que denuncia el cabildeo de Pedro Pierluisi a favor de la carbonera AES que contamina el acuífero del Sur. El mismo Pueblo que recuerda la obra de Tite Curet Alonso con una oración rumbera por su eterno descanso.

En una presentación de algunos 45 minutos, Danny interpretó un selecto puñado de canciones alusivas a la Patria; inspiradas en el corazón guerrero de Borinquen; y en la perseverante resistencia de sus hijos tras 121 años de transculturación estadounidense.

“Los carreteros” y “Mañanita campera”, de Rafael Hernández, “Alegoría”, de Roberto Figueroa, la danza “Mis amores” de Simón Madera, que cantó a capella, el bolero “Bello amanecer” de Tito Henríquez y, como colofón, su indispensable “Tu Pueblo es mi pueblo”, que no tiene coyuntura más oportuna que la presente para que la gente la cante sonriente, fueron entonadas por la masa que se congregó en la esquina de la Fundación, entre los cuales se encontraban parte de los amigos de la diáspora boricua en Estados Unidos, del Comité Noviembre.

En la actividad de confraternización que el director de la Fundación, Javier Santiago dedicó al Pueblo, Danny intercaló comentarios entre canción y canción, articulando su pensamiento con felicidad y esperanza, alentando al País a perseverar y resistir en unidad respetando la diversidad y a nunca cantar por cantar, consciente de que el lelolai de “Los carreteros”, por ejemplo, reafirma como un eco la identidad.

“Hemos encontrado un lugar y hemos demostrado sin dar un tiro, sin derramar sangre, que podemos resolver el espacio de Estados Unidos con su egoísmo, para encontrar claridad y vivir en un tiempo de felicidad”, dijo el cantante a la multitud al presentar la nueva semilla de la Patria, representada en varias jóvenes, y al recordar que el País es testigo del nacimiento de una esperanza renovada.

La presentación, cuya transmisión en vivo por las redes sociales se convirtió viral, es la expresión gloriosa y locuaz de un cantor que acompaña a su gente en las buenas y las malas.

Decenas enarbolaron la Monoestrellada y, en camaradería y solidaridad, cantaron a la Patria, musicalizando con sus voces una nueva canción; canción resistente, valiente y efervescente.

Una Canción que celebra la erradicación de los miedos, complejos, inseguridades y sentimientos de inferioridad de una Nación que reconstruyen sin más resorte que el respeto a su espíritu, idiosincrasia, esencia, moral y derecho a la libertad.

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