Opinión: Willie Colón, el Incomprendido

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

Willie Colón es El Malo.

El apelativo se justifica, en parte, por su voluntad de emitir sus opiniones sin filtros, de manera tajante y no pocas veces sin medir las consecuencias.

Así como hizo con sus declaraciones en contra de Hillary Clinton y en años recientes sobre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, Willie ha opinado sobre el gran paro nacional del 22 de julio que detonó en la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló.

Ya la gente dispara de la baqueta y tildan sus declaraciones de inoportunas, ofensivas y malintencionadas. Willie, el incomprendido, es atacado por un grupúsculo de independentistas que se han dedicado a vivir de los privilegios de la colonia y que, más allá de sus protagonismos, poco han contribuido a educar al Pueblo sobre la urgencia de la descolonización de Puerto Rico.

De las opiniones que la leyenda de la salsa ha publicado en Twitter y en su muro en Facebook, quiero analizar en particular la siguiente cita:

“Creo que un gobernador corrupto a la larga nos cuesta menos que un pueblo enardecido en el falso testimonio, la hipocresía y el secuestro del discurso público mediante la amenaza de ostracismo al disidente”.

Son palabras fuertes; contundentes; para algunos tal vez aberrantes o demasiado apasionadas. Willie, ciertamente, sabrá lo que quiso decir y bien podría dar cara, pero cuando alude a “un pueblo enardecido en el falso testimonio y la hipocresía” no hay duda de que se refiere a la indefinición política de un País que marcha clamando por la renuncia de un gobernante, pero no articula un discurso en consenso respecto a su humillante condición colonial.

Aquí, miles de los que marcharon en contra de Rosselló no se imaginan viviendo al margen de las “libertades” del establishment estadounidense. Quizás la mayoría piensa que la Estadidad es la mejor opción para Puerto Rico, pero a pesar del desprecio del Congreso de Estados Unidos no la reclaman con expresiones tan contundentes como la militancia popular de los pasados quince días.

Obviamente, gran parte de la masa estimada en 1.2 millón de manifestantes, en su inmensa mayoría jóvenes, no favorece la independencia para Puerto Rico. Enarbolar la Monoestrellada necesariamente no es una afirmación de patriotismo; sino una expresión sociocultural que, sin la convicción de una identidad definida, sí reafirma una voz en contra de la opresión del sistema, como sucedió después del paso del huracán María, y que motiva el chiste del desgobierno de Rosselló.

Willie Colón, guste o no, también representa a la diáspora boricua en Estados Unidos, conocida como la Patria extendida, pero que sabemos que conforman varias generaciones de descendientes de puertorriqueños que no hablan español, que han forjado su identidad en torno al modelo estadounidense y en todo caso, en su mayor parte, aspirarían a que Puerto Rico siga, como colonia y territorio, disfrutando de “lo mejor de dos mundos”, ya que, aunque tampoco les importa mucho, la Estadidad es una quimera por no decir un imposible.

Willie es un embajador cultural de Puerto Rico en el mundo. Su trayectoria habla por sí sola. Con su música, ha hecho Patria, como lo hizo con sus Asaltos con Héctor Lavoe y el cuatrista Yomo Toro y en su disco de bomba y plena con Mon Rivera.

Para los que dudan de sus celos por la liberación de Puerto Rico del yugo colonial, basta recordar su álbum “Honra y Cultura” de 1991. En las notas discográficas escribió:

“Borinquen merece un trato especial ya que los compatriotas que hoy viven en mi Patria tendrán que enfrentar situaciones y tomar decisiones que cambiarán nuestro sitial en el mundo. Este álbum es parte de mi aportación para la solución final en la cual quiero participar”.

Willie, el momento de tomar decisiones ya llegó. Sabes, incluso lo hemos señalado en recientes editoriales, que el problema de Puerto Rico no lo resuelve la renuncia de Rosselló. El problema no es el títere, sino el titiritero.

En el disco “Honra y cultura” Colón presentó una valiente versión de “Quinientos años” de Augusto Coén, cuyo estribillo versa: “Arranca de un tirón la vil cadena”, luego de exponer la humillación y el vejamen a que Borinquen ha sido sometido por poco más de cinco siglos.

Otro comentario de Willie que también amerita una seria reflexión es:

“Bajar un gobernador así por manifestaciones y protestas es el primer paso al caos que muchos desean en la isla. [Tiene que] haber un proceso. Usen la ley y métanlo preso si ha cometido algún crimen. Sáquenlo en noviembre por las urnas, pero les advierto que quitar el gobernador a gritos es una cuesta muy resbalosa que le dará ventaja a un grupo que no quiere democracia”.

El Pueblo habló y su reacción, amparado en la democracia que tanto glorifica Willie, es legítima. Eso sí: ahora mismo no hay gobierno porque colapsó. Pero, ¿cuál es el grupo que pudiera tomar ventaja y que, según Willie, no quiere democracia?

¿El independentismo? No lo puede ser porque es una minoría y un gran sector se caracteriza por la hipocresía que denuncia Willie.

De ahí la urgencia de que los recientes acontecimientos se aprovechen para educar a la masa de jóvenes que paralizó el Expreso Las Américas porque Puerto Rico, con honra y cultura, también puede emanciparse y “arrancar de un tirón la vil cadena” como el propio Colón canta.

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