Opinión: Daniel Fernández Torres: caricatura de un obispo homófobo arrodillado ante el Imperio

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

La nota discordante y disidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña tiene un nombre: Daniel Fernández Torres.

No es la primera vez que rehusa estampar su rúbrica en un documento suscrito por sus homólogos Roberto González Nieves, Rubén González Medina, Álvaro Corrada del Río y Eusebio Ramos Morales, prelados de la Arquidiócesis de San Juan y las diócesis de Ponce, Mayagüez y Caguas, respectivamente.

Fernández Torres, quien fue obispo auxiliar de San Juan, siempre ha aspirado a la silla arzobispal y hubo un momento entre 2008 y 2012 en que, en contubernio con el fenecido Delegado Apostólico Josef Wesolowski, a quien el Papa Francisco removió de su posición por un escándalo de abuso sexual y pornografía en la República Dominicana, se reunió con el entonces gobernador Luis Fortuño para presionar mediante influencias gubernamentales la destitución de González Nieves.

El obispo Daniel, hoy “pastor” de la Diócesis de Arecibo, la de mayores escándalos de abuso sexual de menores en Puerto Rico, fue acusado en 2014 de presunta conducta sexual aberrante, pero no fue removido de su cargo como medida cautelar, según lo dispone el Derecho Canónico.

Fernández Torres es un obispo homófobo que recientemente abogó por las terapias de conversión para los homosexuales y que promovió los proyectos anti aborto de la representante María Milagros Charboniel.

Fernández Torres, un religioso fundamentalista, solo se escucha en asuntos o controversias relacionadas a la ley natural, pero nunca se pronunció sobre la mediocre administración pública del alcalde Carlos Molina en Arecibo o cuando la amenaza de Energy Answers y su planta incineradora de basura.

Fernández Torres nuevamente revela su caprichosa y estrecha mentalidad al ser el único obispo de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña que no firmó el documento en que sus homólogos piden la renuncia de Ricardo Rosselló.

La razón es clara: Fernández Torres favorece la Estadidad y, por consiguiente, simpatiza con la Conferencia de Obispos de Estados Unidos.

El texto circulado a los medios por la Conferencia Episcopal Puertorriqueña versa así:

“Han abusado del derecho básico del respeto y la protección de la dignidad humana. Así, el señor gobernador ha herido despiadadamente un principio básico de todo gobierno para poder funcionar efectivamente bajo la ley, en particular, bajo la libertad. Su forma de conducirse en la Rama Ejecutiva ha injuriado a personas y grupos particulares con palabras y acciones que van contra el principio básico de la gobernanza en el bien común y el respeto a toda persona humana”.

“Además, como obispos católicos en Puerto Rico queremos comunicar al señor gobernador, máximo representante de la rama ejecutiva y también a las otras dos ramas que un segundo principio básico de la gobernanza ha sido abusado irresponsablemente por el mandatario del país. Se trata de su misma posición electiva como gobernador que debe ser un espacio sagrado de gobernanza de este y sus ayudantes ante un vuelo que lo eligió por medio del voto democrático”.

Pero Daniel Fernández Torres no la firmó, proyectando la risible caricatura de un obispo homófobo arrodillado ante Rosselló, el PNP y el Imperio.

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