La manipulación de la información

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

Desde los tiempos de Pedro Rosselló González hasta la reciente administración de Luis Fortuño, los secretarios de prensa de la Fortaleza, con raras excepciones, son seleccionados días después de las elecciones con una función especial: redactar el libreto del cuatrienio para controlar los medios y por consiguiente la opinión pública.

Pocas veces realmente un medio puede afirmar que su agenda editorial es independiente. Los corporativos, por razones financieras [baste observar el presupuesto de anuncios gubernamentales y como se lo disputan los medios] están a merced de las pautas que dicta la Fortaleza. [Los alcaldes, con una u dos excepciones, también manejan a su antojo a las emisoras y periódicos regionales]. Ni hablar de las emisoras con líneas editoriales comprometidas ideológicamente, como Cadena Wapa Radio, identificada con el PNP y la Estadidad, y Radio Isla, vinculada al PPD, tanto así que mantiene en horario estelar al ex gobernador Aníbal Acevedo Vilá.

Cuando El Nuevo Día intentó imponer el criterio periodístico de su Dirección, fiscalizando con rigurosidad a la administración de Pedro Rosselló, éste ordenó la cancelación de la publicidad gubernamental y de las corporaciones públicas en sus páginas.

Con Sila Calderón, por razones harto conocidas, estuvieron de luna de miel: ídem con Fortuño y Alejandro García Padilla; no tanto con Anibal Acevedo Vilá por las intrigas políticas del gobierno compartido con la legislatura pnp y porque entonces el director era el chileno Mauricio Gallardo, de una tradición periodística más sensacional y liviana que le dedicó una portada a oscuras por la deuda de la Fortaleza con la Autoridad de Energía Eléctrica y otra a Eric Trump.

Con Ricky Rosselló han botado la bola. Obviamente les conviene que resulte reelecto porque su agenda de gentrificación y privatización favorece sus intereses financieros. [Basta leer días atrás el despliegue de proyectos hoteleros-turísticos en la zona marítima terrestre en Río Grande donde St Regis venderá apartamentos de $2 millones]

Lo peligroso de este esquema de poder, en que se predetermina a manera del guión o libreto de una película lo que será noticia, es que muchos asuntos pasan inadvertidos o simplemente son ignorados.

Lo que publica El Nuevo Día dicta la pauta en los telenoticiarios y emisoras de radio. Lo que no publica pasa por debajo del radar. ¿Es más relevante la información light de la estatua de Trump o la destrucción del bosque de Playas pa’l Pueblo? ¿Importa más el fundamentalismo de Tata Charboniel o el calvario de los viequenses y culebrenses con la transportación marítima? ¿Pesa más la presunta amenaza de Ricky a Trump o su historial de mentiras desde mucho antes de aterrizar en la Fortaleza? ¿Es más pertinente el despliegue de paraguas y sombrillas a pasos de la Fortaleza o cómo los especuladores del dinero virtual o bit coin se apoderan de los inmuebles de la Calle del Cristo?

Desde los tiempos de Alberto Goachet (Rosselló padre) hasta Edward Zayas Torres (Fortuño) el rol del secretario de prensa a juicio de este periodista es garantizar control de los medios y por ende de la opinión pública.

Ante un desastre como el del huracán María la Administración Rosselló fue desenmascarada por medios internacionales respecto de las mentiras de las muertes asociadas directa e indirectamente al desastre.

Hay secretarios de prensa con un ápice de dignidad que lían sus bártulos y renuncian, como el caso de Yenifer Álvarez Jaimes. El control, por el fascismo que le caracteriza, es más descarado en los gobernantes novoprogresistas que en los populares y el récord está ahí.

En tiempos en que asistimos en primera fila al espectáculo de la noticia, con las notas falsas, las conjeturas y la propaganda como titulares, afortunadamente el pueblo tiene opciones, como el Centro de Periodismo Investigativo y el semanario Claridad, entre otros.

Otra bondad de la globalización de la comunicación digital son las redes, desde donde se puede dictar la pauta noticiosa si se abordan la información con la rigurosidad de los valores básicos del periodismo: veracidad y precisión.

Los medios corporativos lo saben muy bien. De ahí que tengan sus muros en Facebook, Twitter e Instagram, aunque no pocas veces su función es la redundancia quizás pensando en el público hastiado del papel, del bombardeo de anuncios de la radio convencional y de perder el tiempo pasivamente frente a una pantalla digital.

El poder político y las garras del capital podrían perpetuar los medios corporativos, como El Nuevo Día, y las emisoras corporativas en manos extranjeras. Eso sería letal para la democracia en un sistema que se asemeja más a una dictadura de derecha ipso facto.

Mi recomendación: cuando GFR publique la foto de Trump y Ricky de luna del miel, recuerda el libreto y pregúntese qué sucede que no quieren que sepa y la gente se entere…

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