Editorial: la buena salud, privilegio de los ricos…

Jaime Torres Torres

Prensa sin censura

 

Enfermarse es un lujo.

La cultura que impera en el capitalismo es la del paciente como cliente y el fármaco como mercancía.

 

Se habla de tratamientos, recetas, dosis, deducibles, intervenciones quirúrgicas, médicos especialistas, primas y planes médicos.

 

Los propagandistas médicos van y vienen. Promueven los medicamentos de las farmacéuticas que representan y los médicos las recetan, no pocas veces sin pensar en sus contraindicaciones, efectos secundarios e impacto al bolsillo de Juanita y Juan del Pueblo.

 

La salud del pueblo es secuestrada por el capital.

Es más rentable para el sistema recetar que prevenir.

Y cuando se observa el panorama, en un País que presume de avanzada, el escenario promedio es de desolación: centros de salud sin especialistas, citas privadas a mediano y largo plazo y gente enferma por aquí y por allá, desahuciada por condiciones como el cáncer, la diabetes, la obesidad y las enfermedades renales, incosteables generalmente para sus bolsillos.

 

Una sociedad de vanguardia garantizaría a sus ciudadanos servicios de salud decentes, complementados con un buen programa de educación y orientación para la prevención.

 

¿Por qué unos padres deben hipotecar su casa para sufragar los altos costos de un trasplante de médula ósea para un hijo? ¿Por qué el pensionado X ó Y debe cortar por la mitad la pastillita para controlar la presión arterial o glucosa en sangre? ¿Por qué tienen que abundar los pacientes con obesidad mórbida confinados a una cama en espera de la muerte? ¿Por qué aumenta la incidencia de sobrepeso y gordura en nuestra niñez?

 

Respuesta: porque los intereses del capital ven al paciente como un cliente y al fármaco como una mercancía. El fin ulterior es el lucro, como han revelado varios medios de comunicación alternativos.

 

Son noticias escandalosas que usted no leerá ni escuchará ni verá en las corporaciones mediáticas a merced del capital. Las mismas que atosigan por ojos, boca, oídos y nariz al pueblo con la publicidad de la Coca-Cola, las hamburguesas y el pollo frito que enferman y matan. Las mismas que se lavan la cara al asociarse a iniciativas desvirtuadas como las caminatas en contra del cáncer.

 

La semana pasada el periódico The Washington Post reveló que la multimillonaria farmacéutica Pfizer descubrió en 2015 que el medicamento para la artritis reumatoide Enbrel reduce en un 64% el riesgo de desarrollar Alzheimer. Pfizer no continuó con las investigaciones, lo que ha indignado a la comunidad científica mundial, incluso, por ocultar la información.

 

En el foro “Alzheimer… ¿Me recuerdas?”, celebrado en la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, se reveló que 44 millones de personas padecen de demencia en el mundo. La proyección de los científicos e investigadores es que se duplique para el 2030.  En Estados Unidos se estima que 5.4 millones padecen de la enfermedad y que una de cada nueve personas de 65 años o más desarrollará algún tipo de demencia.

 

En el foro celebrado en la UPR se reveló que en Puerto Rico alrededor de 35 mil personas sufren de Alzheimer. Bayamón, San Juan y Ponce son los pueblos de mayor incidencia. El Alzheimer, incluso asociado al consumo de alimentos contaminados con pesticidas letales como el glifosato, es la cuarta causa de muerte en Puerto Rico.

 

Otra noticia que pasó por debajo del radar mediático nacional es la relacionada a las declaraciones del Premio Nobel de la Salud, Richard J. Roberts, quien reveló que las farmacéuticas primero piensan en sus ganancias multimillonarias antes que en la salud y bienestar de la gente al paralizar investigaciones en el tratamiento y cura de enfermedades porque la gente saludable no les produce dinero.

“Las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento”, dijo Roberts, quien además ha formulado serias advertencias sobre la peligrosidad de los transgénicos y los alimentos contaminados con glifosato.

 

Acá recordarán, cómo a nivel mundial, se generaron ganancias millonarias con las vacunas para la influenza H1N1, que la ciencia sospecha fue creada en un laboratorio.

 

En otras palabras, la salud del pueblo está en jaque. Los políticos son parte del problema porque el capital que generan las farmacéuticas no pocas veces financia sus campañas electorales.

 

Ante el panorama de desamparo en la salud, a Juanita y Juan del Pueblo solo les resta la prevención, con la modificación de sus hábitos de alimentación, estilos de vida, ejercicio y limitar el consumo de azúcar.

Una sociedad de vanguardia prioriza la buena salud de su gente. La salud no es un privilegio de unos pocos. Es un derecho de todos.

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